MENSAJE DE BIENVENIDA

23 Jun

La Humanidad enfrenta una encrucijada histórica nunca antes vista. Como nunca antes posee condiciones y recursos para lograr la superación de penosos condicionamientos que han impedido la realización de los mayores ideales y de todas las utopías que se ha propuesto o ideado.

Cristianismo, budismo, islamismo, marxismo, capitalismo, democracia, humanismo han sido y siguen siendo altos ideales para miles de millones de humanos, pero no han logrado generar el cambio sustantivo, la transfiguración real del ser humano y del mundo como todos soñamos de una u otra forma. Siguen vivos todos estos ideales y para muchísimos siguen siendo el modelo positivo de sus vidas y el camino de su crecimiento personal y social. Eso está bien. Sigue leyendo

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¿HABRÁ MAÑANA? (CAPÍTULO XXI)

26 Oct

XXI

Por un momento le pareció tan absurdo e irreal el hecho que ocurría ante él, que no pudo pensar ni sentir nada. Cuando las cosas no guardan relación alguna entre sí, la mente se inhabilita y deja de funcionar. Sin embargo, una señal clara y oportuna se había instalado en su cerebro como respuesta a estos eventos que se volvían más frecuentes en el cotidiano de Ildefonso: “¡SAL DE AHÍ!”… Y así lo hizo de inmediato.

Afuera la lluvia había amainado, pero un fuerte viento y las nubes casi negras hacían presagiar que la tormenta sólo se tomaba un descanso. Tuvo la extraña sensación de que los automóviles y autobuses que pasaban por la calle, ante él, eran veloces carros de tren que chirriaban amenazadoramente al avanzar. Una imagen macabra lo asaltó ante sus ojos: Adam Farandsky mutilado, desgajado a pedazos bajo las ruedas de acero… El sobre ocre aún permanecía en su mano crispada, como la mano de un náufrago se aferra al salvavidas que lo mantiene por poco tiempo sobre el agua. ¿Estaba loco?… ¿Ese hombre estaba loco?, se preguntaba una y otra vez. No cabía otra respuesta racional que la afirmación categórica de su locura. Ahora, le parecía aún más enigmática su sentencia: “No debes tratar de evitar volverte loco… Sólo procura elegir bien tu forma de locura”. Aun así, apurando el paso por momentos hasta alcanzar un trotecito corto, para luego casi detenerse y, en seguida, volver a trotar, no le parecía en absoluto un insensato, sino muy por el contrario, ¿Y si era un ángel de Dios?… ¿Un ángel que no podía morir?…

Puso atención en el sobre que llevaba en su mano precisamente cuando se acercaba a una pequeña iglesia, ya cerca de la 7th Avenue. Consideró que era justo el lugar que necesitaba. Al abrir el portón de acceso, escuchó que una música colosal hacía estremecer los vidrios de la iglesia. Reconoció la música del Tiento de primer tono, de Juan Cabanilles, que de inmediato le puso la piel de gallina. La música del órgano siempre le producía ese efecto cosmogónico. Ningún feligrés, sólo un solitario sacristán que ocasionalmente se escabullía tras el altar preparando algún oficio para más tarde. Ildefonso buscó el lugar más retraído, detrás de una columna de granito gris, junto a una hornacina de San Miguel arcángel. Se sentó en un banco recortado, de espaldas a la nave. Todavía resonaban en sus oídos las últimas palabras de Adam: “¡Debes lograrlo, Ildefonso, de lo contrario mi muerte habrá sido en vano!”… Inevitablemente su pulso se aceleró, mientras rasgaba cuidadosamente el sobre. Se detuvo antes de terminar su tarea. Un rayo de luz solar, aparecido de quién sabe dónde, cayó sobre sus nerviosas manos. Levantó la vista. Vio hacia el poniente que el sol, muy lejos, se asomaba un instante poderosamente en medio de la tormenta y encendía el vitral por donde había caído el rayo de luz. La música arrebatadora del órgano se unió de modo sublime con la imagen que cobraba vida y movimiento en el vitral resplandeciente.Piero,_battesimo_di_cristo[1]

La paloma resplandecía alba y pulsante sobre la cabeza de Jesús, y giraba hacia abajo y hacia arriba sobre su propio eje, formando una figura semejante a una estrella de seis puntas. En el fondo, las nubes (lenticulares) también brillaban de forma pulsante, como si fuesen seres vivientes que iban y venían. Duró sólo unos segundos. Fue todo tan reminiscente, tan emocionante e íntimo, tan potente, tan espiritualmente mágico, que Ildefonso se conmovió hasta las lágrimas, sabiéndose, sobre todo y ante todo, AMADO… Cesó la música sublime del órgano. Un silencio tan hondo como la música se dejó oír por toda la nave. Devolvió su vista al sobre, lo levantó verticalmente y dejó caer su contenido sobre su mano izquierda. Eran objetos diversos, por lo que debió contenerlos con ambas manos para evitar que algunos resbalasen. Dejó el sobre en el asiento y comenzó a indagar en ellos. Los identificó primero con una ojeada rápida: algo semejante a un boleto, una esquela plegada, una tarjeta comercial y un paquetito de papel de mantequilla con algo en su interior. Tal vez por su mayor tamaño, o por alguna razón inconciente, Ildefonso cogió la hoja oblonga, mientras depositaba los demás objetos encima del sobre arrugado que yacía en el asiento. Dirigió con algo de ansiedad su mirada al papel que cogió con sus dos manos, y leyó: Boarding pass; Nombre del pasajero: Ildefonso Delenikas Tatay; Desde: Nueva York; Hasta: Nepal; Fecha: 17 MAR 201_; Hora: 11:15… ¡¿Qué es esto?!… ¡¡NEPAL!!… ¡Mañana, 17 de marzo!… Iba a agregar: “No puede ser…no puedo”, pero se contuvo; en cambio, se abalanzó sobre la esquela, la desdobló, leyó y palideció. Levantó la mirada, con la boca entreabierta, y observó delante de él la estatua furibunda de San Gabriel blandiendo una gran espada sobre algo invisible, hacia un lado y debajo de él. En el papel estaba escrito: MIRA A SAN GABRIEL ARCÁNGEL.

Sin comprender nada, pero, siguiendo una hebra del pensamiento y de la intuición, cogió con premura el pequeño envoltorio de papel mantequilla, lo desgarró por una esquina, y, al percibir que había dentro un objeto sólido, lo dejó caer sobre la palma de su mano. Una nueva sorpresa: un anillo de oro de Ley, de una sola pieza, con un chatón en la parte superior, sobre el cual se encontraba grabada sobre relieve la efigie de una paloma, o un ser alado, de aspecto triangular. Se lo probó en el dedo anular de la mano izquierda; lo sintió como hecho a su medida. Ese anillo estaba tan cargado de tantas cosas inmensas que habrían de sucederle… Lo conservó allí. Experimentaba intensos insights que lo inquietaban y, al mismo tiempo, lo colmaban de una singular sensación de poder y bienestar. Extrañamente percibía la presencia de Adam Farandsky, como si estuviese en todo lugar, sonriéndole, actuando libremente entre la materia y el tiempo, sin necesidad ya de cuerpo, de materia, ni de tiempo. Miró el anillo y sintió que también ahí estaba Farandsky, ¿ahora el ángel?

Escuchó que alguien tosía a su espalda. Giró y descubrió a unos pasos al sacristán que lo observaba con curiosidad.

–¡Perdón!… Debo cerrar la iglesia.

–¡Sí!… ¡No hay problema!…

Ildefonso cogió los objetos junto con el sobre y los guardó de prisa en el bolsillo interior de su abrigo. En ese momento se acordó de Darinka, de Samantha, de Senghor, de Solón, de Franz Bendaian, de John E. Mack y su sobrina, de la carpeta adherida a su espalda, ¡Quedará todo interrumpido! ¡Darinka! ¡Darinka!

–¿Me dice la hora, por favor?…

–Las seis con siete minutos.

–¡Qué mal!… ¡Gracias!…

Ildefonso salió precipitadamente de la iglesia, mientras encendía su teléfono móvil. No tenía mensajes. Se detuvo en el atrio, al constatar que estaba nuevamente lloviendo. Envió un mensaje de whatsap: Hola, Darinka/ perdón, me retrasé/ estoy en cinco minutos más en café/ espérame.

Contra su deseo y costumbre, dejó encendido el celular. Mientras trotaba por la calle, con los zapatos llenos de agua y los pantalones mojados hasta más arriba de las rodillas, doblando por la 7th Avenue, se vio a sí mismo y pensó: ¿Qué estoy haciendo?… Debiera excusarme con Darinka, postergar esto… Acabo de presenciar la muerte de un hombre que se ha suicidado por mí… ¿Un loco?… Es posible… Aun así… ¡Uf, qué confusión!…

Un sentimiento intenso y especial lo mantuvo en carrera, desatendiendo a sus razones. Miró su aparato móvil mientras seguía trotando, pero no había visos de que hubiese siquiera leído su mensaje. Tan pronto pudo distinguir de lejos el café Couleur creyó divisar a Darinka que salía del mismo, bajo un paraguas blanco con lunares rojos, mientras un taxi amarillo se detenía delante de ella. Ahora Ildefonso corría. Comenzó a gritar su nombre antes de que pudiera oírlo. Darinka subió rápidamente al coche, pero su paraguas se trabó al intentar cerrarlo, de manera que se quedó luchando contra el paraguas con el brazo afuera, los cuales, paraguas y brazo, además, se enredaban torpemente con la puerta semiabierta.  Darinka decidió salir del taxi para resolver el entuerto. Ildefonso volvió a gritar su nombre. Darinka giró la cabeza y vio venir corriendo a Ildefonso. Se quedó con el paraguas abierto, indicó al chofer que no iba a ocuparlo, cerró la puerta del vehículo y esperó a Ildefonso con una sonrisa condescendiente, pues el aspecto del sacerdote empapado era lamentable. Ildefonso le pedía disculpas con la respiración entrecortada, salpicándola con el agua que caía hasta su boca mientras jadeaba y hablaba; al mismo tiempo ambos reían por la situación jocosa y dubitativa de protegerse o no bajo el mismo paraguas, pues Ildefonso ya no lo necesitaba.

Entraron al café y se arrimaron a una estufa de gas. Ildefonso observó a Darinka y le pareció muy hermosa, aunque nunca había puesto atención en ello. Darinka, por su parte, volvía a sentir ese atractivo intenso e inexplicable que sólo el sacerdote le producía. Pidieron café y medialunas. La conversación se centró prontamente en ellos. Primero, Darinka respondió a las preguntas de Ildefonso sobre sus estudios avanzados y su trabajo universitario. En seguida, Darinka replicó con una pregunta directa e incisiva:

–¿Has dejado el compromiso y el activismo sociales?… ¿No es un mandato crístico y sacerdotal evitar el sufrimiento humano, en todas sus formas?… Recuerdo haberte escuchado predicar y defender esto varias veces…

Ildefonso percibió un brillo especialmente intenso en sus ojos al dirigirle esta pregunta. Se tomó una pausa sin dejar de mirarla a sus ojos azules; bebió un sorbo de café.

–Probablemente deba decirte que sí… Aunque no sé bien por qué… Seguramente fui tomando decisiones que paulatinamente me fueron alejando de esas mismas acciones. No lo había pensado antes… Y no es que haya dejado de ser una obsesión para mí evitar el sufrimiento humano… Pero una corriente igualmente vital y espiritual me ha conducido hacia otras búsquedas que guardan relación con procesos evolutivos míos profundos y al parecer invisibles desde el plano natural. Aun así, es un conjunto de cosas… No me avergüenzo de esto; tal vez debiera… es egoísta, pero en el fondo no me avergüenzo…

Ildefonso hizo una pausa, bajó la mirada.

–Continúa, por favor, te escucho atentamente…–lo animó Darinka con voz aterciopelada. Hubiese querido además tomarle la mano, pero lo reconsideró.

–Afortunadamente hay bastante gente que está dispuesta a la acción, a ayudar, dedicándole una gran cantidad de tiempo y de entrega personal a los necesitados, a los que sufren, a los niños… –Se le llenaron los ojos de lágrimas; tragó café para relajar la garganta que se le había apretado—Tal vez haya tomado un camino equivocado… ¡Y la Iglesia, y Cristo!… ¡No sé!… No soy nadie para juzgar a mi Iglesia ni a mi Cristo… pero ya no veo relación entre el sufrimiento humano y la vocación mediadora y salvadora de la Iglesia. Ya no hay menos corrupción dentro de mi Religión que en otra institución humana cualquiera… ¿Dónde está Cristo?… Estoy comenzando a presentirlo en otra realidad muy diferente de la Historia… En un misterio nuevo, al menos para mí…

–¿Qué clase de misterio?…

–¡Uy, eso sí que nos tomaría demasiado tiempo!… ¡Todo un retiro espiritual!… –rio, recordando tiempos pasados con Darinka.

A ella pareció no hacerle gracia la chanza de Ildefonso y se quedó seria, esperando.

–Mira, querida…–Ildefonso también se puso serio—No es un tema del que pueda ni deba hablarte ahora, pero te prometo que lo haré cuando volvamos a encontrarnos… En todo caso, todo este proceso personal mío no se encamina hacia otro logro final que no sea servir por encima de todo al prójimo, e incluso, servir a la Humanidad toda, entera…

–No sé si te entienda cabalmente, pero, hasta donde sí alcanzo a comprenderte, sigues siendo igualmente partidario y colaborador con la misión salvadora y benefactora de Cristo.

–¡Sí, seguro y completamente!… No podría ser de otra manera.

–¿Entonces, apoyarías un proyecto de acción e intervención social, aunque sólo fuese indirectamente, sin comprometerte en lo personal?…

–¿Cómo así?…

–¿Recuerdas cuando me decías que el lograr cambios espirituales, significativos, sustanciales, definitivos en los seres humanos es más difícil que perdonar al enemigo, que devolverles la vista a los ciegos y que levantar a los muertos?… Entonces, ¿no existe ninguna posibilidad de oponerse eficazmente y modificar de raíz las prácticas invisibles, deshonestas, perversas, intransigentes, maquiavélicas, conspirativas e infernales?…

–¿De quiénes, precisamente?…

–¡Están en todas partes!… En las sombras, en el hombre de la calle, en los agentes políticos, económicos, sociales; en los medios de comunicación, en los organismos y fuerzas de seguridad, en los líderes religiosos, en los académicos e ideólogos, en los artistas populares, en las fuerzas armadas, en los cárteles de la droga, en los entretenedores de la gente, en los traficantes de armas, en los investigadores científicos; en los sistemas de educación, en los paradigmas médicos y de salud, en los sistemas de producción, en la Banca, en la inconciencia mundial

–¡Sí!… ¡Lo creo!… Cada vez lo veo y lo creo más…

–Yo no me he quedado tranquila con esto, al igual que tú… ¿Qué ha hecho la Iglesia Católica?… ¿Qué han hecho las religiones en el mundo?… ¡Y aun así, Dios está detrás y por encima de todo esto!… ¡Y aun así, hay un Cristo Hombre que sufre con nosotros, pero también y sobre todo Uno que LUCHA con nosotros para cambiar al Hombre y al Mundo!… ¡Hemos sido víctimas durante miles de años del engaño de los dueños de la religión!… De los que han escrito y regalado, a condición de regalarles tu conciencia y tu alma, una pseudo-verdad revelada por un tal Dios omnipotente, para someter a las naciones y el mundo… ¡Quieren modelar la conducta humana por medio de un Cristo, Humano y Dios, crucificado hasta morir sumisamente en la cruz!… ¡Qué burdo, qué probadamente ineficaz!… ¿Quién ha visto y reconoce en verdad al Cristo resucitado, reencarnado en Espíritu y Poder, El que está dispuesto a enfrentar al Mundo, hoy y siempre, de ser necesario con la espada, incluso con la Espada del Apocalipsis?…

Ildefonso se quedó reflexionando en las palabras de Darinka, que lo miraba echando llamaradas por los ojos, con las mejillas arreboladas de pasión. El presbítero dio un mordisco a su medialuna; bebió un sorbo de café.

–¡Arcángel Gabriel!…—murmuró para sí Ildefonso; acarició el anillo en su dedo anular, luego continuó en voz alta– ¡Terrible!… ¡Terrible realidad que acabas de desnudar!… Desde hace años me vengo preguntando ante eso, ¿Qué hacer?… ¿Hasta dónde es lícito llegar?… ¿Es la violencia y el daño un recurso verdaderamente odioso y prohibido por Dios?… ¿Quién es verdaderamente Cristo?… ¿Quién es verdaderamente Dios?…

–Sin duda hay un Cristo amable y paciente que perdona setenta veces siete a su prójimo; un Cristo dispuesto a dejarse crucificar por amor… ¡Sí!… Pero también hay un Cristo, El que nos han ocultado los poderosos, que “ensucia” sus manos con la sangre de sus enemigos, ¡POR AMOR!…

–Mmmm… Me hace sentido… en parte… Aunque no me es nada transparente… Me incomoda mucho, me hiere, me hiere profundamente, como me ha venido ocurriendo desde hace ya tiempo, tal vez toda mi vida… Todavía soy un sacerdote, servidor y soldado jesuita de la Iglesia y de Cristo… ¡No sé qué más decirte!… Pero tengo la impresión de que tú no estás sola en esto…

–Es cierto; afortunadamente no estoy sola… Participo en un grupo post-cristiano, espiritualista de la acción…

–¿Cómo es eso?… Explícame, por favor…

Darinka se recostó sobre la mesa para hablarle más cerca a Ildefonso.

–Queremos invitarte a una reunión para compartir nuestros puntos de vista, sobre estos y otros temas trascendentales… Algo muy fuerte me dice que tú ya eres uno de los nuestros…

Ildefonso volvió a mirarla con detención. No la recordaba así. Su rostro ahora era extraordinariamente delicado, con líneas finas en todos sus rasgos; su piel inmaculada, casi radiante; su pelo rubio, que caía con cierto ingrávido desorden alrededor de su cara; su nariz, casi respingada, era el puente perfecto entre sus ojos grandes, expresivos, entre grises y azules, y su hermosa boca roja. Le resultaba, pues, masculinamente natural y propio… desear besarla… Instintivamente, Ildefonso dio un respingo hacia atrás. Una larga historia de concienzudo celibato se le hizo presente.

–¡Sí…sí!…—tartamudeó un poco—Seguro que quiero… ¡Gracias!… Me interesa mucho, demasiado, a decir verdad… Sin embargo, mañana, mañana mismo debo tomar un avión y partir a otros rumbos por tiempo indeterminado… ¡A mi regreso, a mi regreso aquí!… o donde sea que nos encontremos… ¡Ya ves, parece que Dios nos junta cuando quiere y donde quiere!…

Esta vez Darinka no se contuvo y cogió la mano derecha de Ildefonso dentro de sus dos manos. Si bien, otra vez, como antes, se contuvo, pero ahora de besarlo.

 

 

[1] Piero della Francesca, Bautismo de Cristo (c.1440-1460).

EL AMOR ES MÁS FUERTE

13 Sep

Pastorcitos Fátima

Hoy, que han transcurrido treintaiséis años desde entonces, quiero narrar un hecho que he guardado celosamente en mi vida privada. De haberlo hecho antes me hubiera ganado el menosprecio, la burla, la incredulidad y hasta persecución que sólo hubiera agravado insoportablemente la misma que de igual manera he experimentado todo este tiempo. En unos meses más cumpliré sesenta años y la vida comienza a declinar por este lado. No voy a esforzarme en dar pruebas ni voy a insistir en la veracidad de los hechos. A estas alturas de mi vida no necesito convencer ni impresionar a nadie con mis atributos ni mi valía… A estas alturas de mi vida, ya no necesito ni atributos ni valía. Sólo trataré de ser claro y directo.

Aquella noche dormía profundamente y me hallaba en uno de esos sueños en los que repentinamente uno se descubre que está soñando. Entonces desperté de inmediato, como si el descubrir la ilusión del ensueño acabase sin dilación con la fantasía, pero –¡he aquí lo sorprendente!– no con el sueño… Abrí mis ojos y continué viendo despierto ante mí lo mismo que veía durante el sueño, plenamente autoconciente, antes de despertar: Ante mí se abría una especie de vórtice en colores blanco y negro; giraba velozmente en torno a un centro oscuro que yo veía en perspectiva hacia el fondo del mismo. Dejándome guiar por mi positiva intuición me adentré voluntariamente por el túnel que formaba el vórtice, el cual pareció recibirme, activándose la fuerza gravitacional hacia su fondo. Cuando avancé veloz por él vi repentinamente que el fondo y centro oscuro se tornaba blanco y comenzaba a ensancharse a medida que me aproximaba a él. Entonces todo se volvió de ese mismo color ante mí. Lo que al principio se veía simplemente de color blanco, pronto se transformó en una suerte de vapor o niebla intensamente alba. Por el centro de la misma comenzó a despejarse esta nubosidad, dejándome ver, cerca de mí y ante mí, las escalinatas de la Basílica de San Pedro, y, más allá, el entorno de la Plaza de San Pedro. Mi visión se producía desde el rellano superior de la escalinata, al costado izquierdo de la misma. Entonces divisé con horror al Papa Juan Pablo II solo, tirado sobre las escalinatas, enteramente vestido de blanco, y con su ropa ensangrentada a la altura del estómago. No había nadie más en todo el lugar. En seguida me pareció vislumbrar algo como un puñal junto a él, manchado de sangre. Supe de inmediato que aquella visión era real, y que me advertía de su futura y cruenta muerte, asesinado. Entonces pregunté mentalmente: ¿Cuándo?… Y, como respuesta, una especie de mano invisible dibujó en el aire con letras negras, difusas y vaporosas: 1981

La visión y el sueño –si puede llamarse así—cedieron. Quedé allí, acostado en mi cama con los ojos abiertos, a los 23 años, ¡una noche de comienzos de Diciembre del año 1980!… En aquella época el mundo entero, y yo mismo, estábamos deslumbrados con el carisma espiritual de ese santo varón. Sentía su alma cercana a la mía, de manera que el dolor que me causaba saber que atentarían (dentro de un año más) contra su vida cobraba dimensiones colosales e íntimas. ¡El mundo entero, que se esperanzaba entonces con ese poderoso vicario y presencia de Cristo, se vería horrorizado y desolado por este magnicidio!…

A la mañana siguiente decidí que debía contárselo a alguien, y lo hice así con mi hermana, quien a la sazón tenía 16 años. Me escuchó con interés, pero sin mayor comentario… (Luego ella olvidaría que se lo había anticipado el año anterior.) Sin embargo, este habitual escrúpulo que me ha acompañado toda la vida me susurró internamente que ya no se lo participase a nadie más. No albergaba la menor duda de que aquello iba a acontecer realmente así. Ya por entonces había desarrollado cierta habilidad extrasensorial y síquica que me permitía, primero, discernir mis sueños premonitorios (y frecuentes), de aquellos sueños sólo cargados de simbolismo e intensidad, pero generados ante todo por mi fantasía onírica y mi subconciente personal. Había reconocido también otros tipos de sueños, en que ambos niveles de realidad (síquica y premonitoria) se entremezclan, generando una especie de anticipo del futuro, pero deformado o supeditado a representaciones significativamente síquicas, las que, pareciendo anticipatorias, sin embargo no llegan a serlo. En este tipo de sueños no era nada fácil discernir qué era qué… ¡El sueño (y visión) del atentado a Juan Pablo II –lo supe desde el mismo instante que lo presencié y lo experimenté– no era ni de éstos, ni de los puramente mentales!… Los hechos posteriores reafirmarían una vez más este certero autoreconocimiento.

Digo esto para que se entienda el impresionante grado de certidumbre que de inmediato me acompañó respecto de la necesidad (y hasta fatalidad) de los terribles acontecimientos que estaba anticipando. (No es la ocasión de ahondar en el hecho de que ya sabía, también, que estas visiones y premoniciones no eran causadas primeramente por ; pero dejaremos esta larga y concatenada historia para otra oportunidad.) Así pues, con esta terrible carga de conocimiento y responsabilidad pensé, en mi afecto y valoración de su Santidad, informar a alguna autoridad cercana a su persona sobre este hecho inminente, si ya no hacerlo a él mismo, lo cual me pareció de inmediato impensable, dada su obvia inaccesibilidad para este oscuro, insignificante y distante chileno. Sin embargo, no fue ninguna consideración práctica, mundana o restrictiva lo que me detuvo entonces (si bien también supe que nadie me creería ni me validaría), sino algo que se me transmitió desde una zona más profunda y trascendental de la realidad y de mi propia mente: ¡ASÍ DEBE SER!…

Mi vida continuó, por tanto, sin preocuparme mayormente ni más de esta visión, ¡hasta el miércoles 13 de mayo de 1981!… Es imposible expresar lo que me ocurrió al enterarme del hecho casi en el minuto posterior al acto criminal. Una avalancha de inquietudes, pero sobre todo de sucesivas revelaciones se me fueron hilando una tras otra, hora tras hora, día tras día… Primero pensé, cuando se informó que el Papa había sido herido gravemente a bala, que moriría poco después, o en cualquier momento. Sin embargo, horas después, días después, constaté (mentalicé) que el mundo reaccionó con una intensidad, con un arranque nunca visto de espiritualidad y amor hacia él y hacia su misión transformadora; con una concentración de poder colectivo nunca visto de energía salvífica y superior, que se remecieron los cimientos mismos del Destino… Que los Señores del Proyecto Tierra –si pueden llamarse así–, recibieron la fuerza, la autorización y el mandato de cambiar el destino de Juan Pablo II, pero, sobre todo, ¡de la Humanidad misma!…

Lo que revelaré a continuación podrá parecer chocante y delirante para muchos, y –debo reconocer que primero lo fue para mí mismo– hasta hoy también guardo un alto grado de desconfianza a su exactitud y literalidad, aunque sé que hay en esto más verdad que error. Quizás todo lo que narro se entendería y creería muchísimo más y mejor si pudiese aquí y ahora agregar infinitas cosas que tendré que callar por el momento. Permítaseme resumir lo principal en algunos puntos que detallaré a modo de esquematizada cuenta:

Primero, se me hizo saber que Juan Pablo II estaba enterado de antemano y por varios medios acerca de este atentado, aunque no con exactitud. Por nombrar sólo uno, Juan Pablo conocía los tres secretos de Fátima[1], particularmente el tercero, hasta entonces ignorado por todo el mundo, y sólo conocido por los Papas. En él se leía: “[…]El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, medio en ruinas y (él) medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares.”

Juan Pablo se planteó a sí mismo seriamente que él pudiese ser la víctima crística de esta profecía. Juan Pablo conocía perfectamente los modos asesinos y arteros de las fuerzas marxistas, pero en general de las fuerzas del mal humano, viniera de donde viniera… Él era, sin duda, hasta desde una lógica mundana, el perfecto chivo expiatorio y el ícono perfecto para destruir ideologías reaccionarias y oposicionistas, sea cual fuere su tinte. Juan Pablo estaba cobrando una dimensión descomunal de líder (católico) para una inmensa, creciente y mundial cantidad de seres humanos. Desde todos los flancos humanos e ideológicos, pero sobre todo desde la lógica del espíritu de Cristo y de María (tan suyo), él estaba disponible para ¡LA CRUZ!… Esto es lo que primó absolutamente de su parte; con una valentía propia de un Jesús mismo, asumió sin cálculo ni resquemor alguno su misión de Redentor de la Humanidad de fines de siglo (XX), ya esclavizada a un Guerra Fría que estaba a punto de detonar como apocalipsis nuclear. Juan Pablo quería, ante todo, liberar al Mundo de la amenaza totalitaria y antiespiritualista del comunismo y del marxismo, y en pro de avanzar en ello desde su privilegiada posición y condición no temía arriesgar o perder su vida, de ser necesario. Si yo mismo le pudiese haber advertido unos meses antes: ¡El 13 de Mayo de 1981 lo van a asesinar en la Plaza de San Pedro!, estoy cierto de que no me hubiese respondido: “¡No creo!”, sino: “¡Así sea!”…

Segundo, el Mundo como colectividad de seres y almas se acercaba ya a una encrucijada final: ¡1984… era la fecha del Armagedón en los Archivos del Tiempo!… La Tercera Guerra Mundial estaba casi lista para los poderes fácticos de este Mundo. Los Señores del Proyecto Tierra obtuvieron la autorización y dispusieron este plan de último minuto para rescatar a la Tierra de la conflagración final. Juan Pablo estaba también dispuesto para ello desde antes de su nacimiento. El precio del rescate de redención de la Humanidad era actualizar el rescate de redención que Jesús mismo había ya instaurado y facilitado hacía casi 2000 años, al ser asesinado en la Cruz de Jerusalem. Si Juan Pablo no hubiese aceptado y sufrido el “asesinato” de San Pedro, el planeta actual ya no sería apto para la vida… De hecho, Juan Pablo reconoció, asumió e hizo públicos, después de este dramático trance, la sobrecogedora trascendencia y el milagro que le había sido asignado experimentar y cumplir.

Tercero, Juan Pablo II fue el catalizador, el detonante religioso y político que activó el proceso de retroceso del comunismo, primero en Polonia, su tierra natal, a través del poderoso movimiento sindical de Solidaridad, liderado por su amigo Lech Walesa, y que el Papa mismo alentaba activamente.[2] Luego, como una reacción en cadena, por toda Europa (especialmente en el inolvidable año 1989). El atentado sólo fortaleció esta dirección y movimiento planetario, político y social hacia la caída del comunismo occidental –y hoy también global, engullido por la economía capitalista–. La aniquilación del comunismo, después del intento de asesinato de Juan Pablo, se precipitó como ninguna guerra en la Historia de la Humanidad había sido ganada, como ningún Imperio había caído: sin disparar ni un tiro, sin derramamiento de sangre, en unos pocos meses, y hasta sin oposición ostensible… Cuando hacía sólo unos meses, unos días antes se amenazaban dos poderes planetarios que tenían todas las condiciones para despedazarse mutuamente y despedazar el Mundo… ¡Esto por sí solo es un milagro!

Desde entonces hasta hoy se ha cumplido, sin duda, el final de la segunda profecía de Fátima: “El Santo Padre me consagrará la Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.” Pero hoy, ¡nuevamente hoy!, pareciera haber regresado el Mundo al mismo espíritu infernal del pasado… El Planeta enfrentado a una nueva Guerra Fría, todavía más terrible y global que la anterior… ¿Dónde está hoy un Juan Pablo II?… ¿Se han concitado hoy para un nuevo plan salvador los Señores del Proyecto Tierra?… ¿Qué aliento espiritual poderoso anima hoy colectivamente a la Humanidad?… ¿Dónde podremos recibir hoy una cuarta profecía de la Virgen?… ¿Existen hoy siquiera la Virgen y Jesús?… ¿Por qué tanto ominoso silencio?… ¿El AMOR es más fuerte?… Y si no…¿QUÉ?…

Cuarto, la civilización humana actual no conoce ni está en condiciones de conocer en profundidad lo que está ocurriendo verdaderamente en nuestro planeta. No puede conocer las verdaderas causas de lo que acontece, e incluso de lo que la Humanidad cree que realiza por sí misma. No puede conocer hacia dónde ocurre lo que ocurre, ni sus reales consecuencias. No puede conocer QUIÉNES (y QUÉ) están por detrás y por encima de todo lo que acontece en la Tierra. TODO nuestro saber, científico, tecnológico, religioso, histórico, cultural, antropológico es extremadamente primitivo. TODAS nuestras capacidades perceptivas y cognitivas (sico-biológicas) como especie son dolorosamente insuficientes.

¿QUÉ?…

Hoy, como antes, si tengo que hablar, hablaré; si tengo que callar, callaré… Pero TODO, lo mío, lo suyo, lo otro, acontecerá dentro de poco, dentro de muy poco…

 

 

 

[1] Primer secreto: “Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Hundidos en este fuego [estaban] los demonios y almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejantes al caer de las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaba y hacía temblar de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión duró un momento, y gracias a nuestra buena Madre del Cielo, que antes (en la primera aparición) nos había prevenido con la promesa de llevarnos para el cielo. Si así no fuese, creo que habríamos muerto de susto y pavor.”

Segundo secreto: “En seguida levantamos los ojos hacia nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza: «Visteis el infierno, para donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que les da Dios de que él va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y a la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atendieran a mis pedidos, la Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas, por fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará la Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz».

Tercer secreto (revelado por el mismo J.P. II, el 26 de junio del 2000): “Escribo, en acto de obediencia a ti mi Dios, que me mandas por medio de su excelencia reverendísima el señor obispo de Leiria y de vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Al centellear despedía llamas que parecía iban a incendiar el mundo. Pero, se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro. El ángel, apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte decía: «Penitencia, penitencia, penitencia».

Y vimos en una luz inmensa, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en el espejo, cuando delante pasó un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, encima de la cual estaba una gran cruz, de tronco tosco, como si fuera de alcornoque como la corteza. El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, media en ruinas y medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares. Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios.”

[2] “Curiosamente, el Pontífice sufrió otro atentado en 1982, también el 13 de mayo, en la plaza de Fátima. Esta vez un sacerdote ultraconservador quiso acuchillarlo. Ese ataque casi pasó inadvertido para el mundo, menos para Lucía, quien ya había advertido a Su Santidad de la posibilidad de morir martirizado.” (http://www.prensalibre.com/hemeroteca/fatima-un-signo-en-la-vida-de-juan-pablo-ii)

PUDO SER

17 Sep

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Hay personas en nuestras vidas, cuyo carácter más sobresaliente es “pudo ser”… Fueron personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, pero sobre todo y siempre, “pudo ser”… Personas encantadoras que hicimos nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros ideales, nuestros maestros, nuestros confidentes, nuestros deseos y aspiración de felicidad. Esas personas maravillosas que nos enamoraron y hechizaron con sus extraordinarias cualidades; esas personas deliciosas que nos hacían gozar la vida y activar lo mejor de nosotros, hasta que un día, después de sucesivos, resistidos y penosos desengaños, inconsecuencias, insatisfacciones, errores, defectos, desencuentros y tantas cosas más, acabábamos reconociendo… “¡No es, pero pudo ser!”

Fueron y son esas personas que parecían poseerlo todo, que de hecho lo tenían todo para hacernos felices; que a cada momento nos hacían sentir con intensidad extrema que estaban a punto de darnos el paraíso, pero que, sin embargo, nunca acababan realizándolo; y, al final, después de que nosotros habíamos puesto tanto sentimiento, exaltación, gratitud, expectación y entrega, nos concedían nada más que un portazo en la cara. Entonces llorábamos a escondidas, a veces nos quejábamos abiertamente, a veces reclamábamos: ¡Egoísta, acaba alguna vez de darme lo que me estás ofreciendo!… Y exigíamos, por tanto, aquello tan obvio y justo que nos daban sin darnos.

Hoy, después de tantos ilusos y frustrados “pudo ser”, reconozco que exigirle a otro ser humano que nos regale la dicha que nosotros necesitamos y sentimos que viene de ese otro ser, es una condición encubiertamente egoísta y perversa. Si experimentamos personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, y más, debemos disfrutar sus maravillosas cualidades sin exigirles nunca nada más, nunca que “completen nada”, nunca que nos den nada, aunque nos lo quieran ofrecer… Sólo debemos amar, valorar y desear lo que las personas puramente son, y jamás lo que siempre están a punto de llegar a ser. Nunca debemos estar con alguien por lo que puede llegar a ser, sino sólo por lo que de hecho ya es…  Amemos, valoremos, deseemos sólo lo que las personas de hecho nos dan, incluso también con todos sus defectos, espejismos e incompletudes –si libremente así lo queremos, pues también podemos sin culpa rechazarlas–, porque la felicidad completa en este mundo, que unifica lo real y lo posible, lograda gracias a otro ser humano, nunca es real ni verdadera, sino siempre sólo un “pudo ser”…

PARA SALIR DE LA IGNORANCIA

14 Jul

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Viviendo en el seno de la ignorancia y considerándose inteligentes y esclarecidos, los ignorantes giran incansablemente en redondo, trastabillando por caminos torcidos, semejantes a ciegos conducidos por ciegos.” Katha Upanishad, 1-II-5

¿Quién de nosotros podría reputarse no representado por esta terrible verdad? El que diga: yo… será por cierto el rey de los ciegos. Y sin embargo, el que acepte encontrarse en la condición de ignorante, estará, por su parte, reconociendo probablemente, no más, que experimenta la sumisa esclavitud de la ceguera… Yo al menos no hablo aquí como un iluminado; si lo fuese, no por humildad lo negaría, mas hablo como uno que va y viene dentro y fuera de la ignorancia. Ahora que todos mis vellos comienzan a encanecer o a desprenderse de mi cuerpo, reconozco en mi propio dilatado deambular por la existencia cuán peligroso y difícil es validar la verdad propia y el propio mérito. Cuán incierto y complicado es creer y al mismo tiempo dudar de lo que se cree. Sin embargo, en eso estoy (viviendo) dentro de mi propia condición de ciego atormentado y apacible… No siendo suficiente para callar, pero tampoco suficiente para vocear en las plazas.

Y ¿qué me mueve, entonces, para levantar mi voz en la penumbra?… La evidencia de que las grandes verdades históricas, los grandes ideales declarados, las conmovedoras enseñanzas de todos los grandes maestros, las penosas o placenteras prácticas y escuelas de sabiduría –con todo lo positivo que han logrado– no han sido suficientes ni tan eficaces como para facilitar, a los que buscan salir de la ceguera y del girar en torno a la propia cola, el producir certeramente en la mayoría de los buscadores la trascendencia y la transfiguración de sí mismos, el tránsito hacia la recta Verdad y la inmersión en la Realidad Una. Es necesario, en cambio, –lo expondré en todo lugar y en adelante—una experiencia más pequeña y minuciosa, menos ostentosamente espiritual o sabia, pero más eficaz y transformadora de toda ceguera e ignorancia humanas…

Pero, ¿a quiénes me dirigiré?… ¿A aquellos que escuchándome no comprenderán nada, o me desprecien por una u otra razón, o que, sumidos en un mundo de imágenes mentales proyectadas al exterior –el “mundo de hoy”–, no exista en su propia convicción y realidad ni la más pequeña resquebrajadura? Yo no estoy para ellos… Otros más violentos, o más pacíficos que yo, se encargarán de minarlos, de roerlos, de maltratarlos y hacerlos sufrir para que algún día aparezca en ellos suficiente angustia, y comiencen a dudar, al principio, simplemente a dudar, profundamente…

¿Me dirigiré, entonces, a aquellos que toman los escritos, escuchan y asienten a las sabias palabras, o al menos se cuestionan seriamente, pero que al terminar con el último punto giran la cabeza hacia otro lado, donde puedan escuchar todavía más sabias y transformadoras palabras, o acudir a prácticas “transformadoras”?… ¿Y a aquellos que dicen amén, u om, o wuahe guru, o namaste, o tantas otras bellas palabras con las que también se asentirá a las mías, sin que ni unas ni otras los despierte como un cataclismo de Luz?… ¿Si lo que yo he vivido es como un cataclismo de luz y tinieblas?

¿Acaso el jilguero dejará de trinar al alba porque nadie lo escucha? Lo que creó la soledad y la ignorancia es lo mismo que creó lo Uno…

Y al fin yo tenderé una escala, un puente, una interfaz entre lo inmenso y lo pequeño, el Ideal y la cotidianeidad, el espíritu y la mente, la enseñanza y el cambio, la verdad y la mentira, la ceguera y la luz, el mañana, el pasado y el hoy. Sólo una pequeña escala, modesta, ni grande ni pequeña, sólo práctica, funcional, recta y real… Si miento, engaño o alucino, seré yo el primero que verán caer al romperse la escala.

Quizás escriba para los que caminan pasito a pasito, como los niños vacilantes y decididos, que un día tras otro hacen el esfuerzo honesto de levantar de a poco un pie para subir un peldaño, y dejar al mismo tiempo otro peldaño abajo…

Volveré…

EL YO

29 Jun

Van_Gogh_-_Starry_NightSon tantos y tan innumerables los caminos de la realidad… Ya sólo los universos humanos son infinitos, a veces unos tan lejos de los otros que no podrían alcanzarse en el rango de una sola creación, y aun así se conectan todos en una sola identidad delicadamente en otros planos, planos del alma o de energías y soplos de realidad que los humanos dentro de sus torpes encierros sensoriales o de conciencia, y de sus mecanismos genéticos activados, apenas alcanzan a distorsionar en creencias religiosas, saberes científicos, o fantasías intuitivas.

Y esta conciencia humilde que en medio de la inmensidad insondable repite una y otra vez yo, yo, yo, yo… mientras existe en este minúsculo cuerpo biológico, a cada segundo, humildemente porque no tiene más voz que una en cualquier lugar del infinito y la eternidad de otras formas que repiten más y mejor que uno mismo (yo), lo otro, también lo yo, pero sobre todo lo no-yo.

Esta conciencia modesta y mínima se atreve al mismo tiempo, en una paradoja aún inabarcable, a soñar con la realidad más allá de sus propios límites (míos y suyos); se atreve a decirle: “Yo te voy a alcanzar (REALIDAD) –aunque seas el mismísimo Dios, o la Eternidad y el Infinito, el Mal, o incluso lo Absurdo e Imposible–, pero desde mí, sin renunciar jamás a mi yo, a mi conciencia, a mi identidad, a mi mónada o lo que fuere, porque he decidido contenerte, aprehenderte, unificarte, y tú graciosamente me permites decidir esto, y realizarlo en tanto existo yo…”

Por ese absurdo poder concedido a este yo insignificante como caca al borde de un camino, sin embargo exclamo, decreto: yo no muero, yo soy inmortal, por más que mi cuerpo biológico se desintegre justo al lado de la caca del camino. Y entonces trasciendo con el pensamiento, con la energía sutil de mi alma sentiente, con mi YO, el instante, el tiempo de vida que ninguna célula de mi cuerpo tendría la insensatez de querer apropiarse más allá de su propio tiempo de vida, y acabar negando con una demostración ficticia que sólo los académicos materialistas demuestran en sus laboratorios y cátedras de ensueños temporales para tratar de retenernos inconcientemente en la caca.

Son tantos y tan infinitos los caminos de la realidad, que mi yo asume desde este misma instante la necesidad y el compromiso de transmutar, de transformarse a cada instante, abierto, como una ventana se abre al sol y al viento, después de la asfixiante tiniebla que cegó toda abertura con la muerte de un ser querido… Y al abrirse entrará el sol, el viento, la mariposa y la luna, lo que tú esperas y necesitas, lo que tú sabes que entrará, pero también tu propio futuro, tu desconocimiento de lo que aún no es, las posibilidades sin límites, llámese eso con nombres desconocidos, o te saque de todo universo reconocible y familiar, como pueden serlo incluso las estrellas y la vida misma, cuando dejan de existir… Y aun allí estará tu yo.

Simple Satori

3 Jun

plantas_solNo vivas preocupado de si el sol quemará tus plantas, o si la lluvia las dañará. Mejor pon atención al sol, como brilla, y a la lluvia, cuando cae. Si dejas ir hacia las cosas tu mente, podrás llegar a experimentar que el sol, la lluvia, tus plantas y tú son una sola realidad unificada, sin rupturas ni entre ellas ni en tu mente. Habrás alcanzado la iluminación, bienaventurado. Entonces comprenderás que todas las felicidades humanas son sólo débiles fogonazos de mentes delirantes. Sentirás compasión, pero no pena. Y finalmente comenzarás a actuar con los demás, de la misma manera que el sol y la lluvia y las plantas se mostraron para ti.

APOCALIPSIS

7 May

FILIPINAS-CAMBIO-CLIMÁTICO

Por primera vez desde que registramos el dióxido de carbono en la atmósfera mundial, la concentración mensual de este gas de efecto invernadero superó las 400 partes por millón (ppm) en marzo de 2015″, informó la Agencia estadounidense Oceánica y Atmosférica (NOAA).”1

Por primera vez en mi vida he perdido el pudor, el temor, la delicadeza de no profetizar abiertamente los desastres que (casi) inevitablemente veía venir. Sabía, desde hace unas cuatro décadas, que anunciar desastres y calamidades provocadas por el mismo ser humano sería como arar en el mar o llamar en el desierto, si no podía demostrarlos con hechos. Además, un sentimiento natural y espontáneo de desdén, de incredulidad, de molestia ante una aparente infundada negatividad y pesimismo culpable se hacía sentir alrededor de cada vidente y de cada profecía calamitosa para el mundo y la humanidad. Se ha rechazado sistemáticamente cada profecía, cada advertencia, cada señal.

Ya no me importa esa respuesta y actitud obtusa y reaccionaria de parte de la gente, de la opinión pública, de académicos ni de las autoridades. No se puede, al fin, tratar de tapar el sol con un dedo. Ya es un hecho, como vemos en innumerables señales, que llegó la hora, y aun esto es un mero anticipo… Habrán muchísimos, sin duda la mayoría de los humanos, que sigan negando la evidencia de que entramos en una fase final, en una fase de desencadenamiento de los desastres planetarios advertidos; y eso es parte del desastre mismo, probablemente el mayor de los desastres planetarios: la ceguera humana, la contumacia humana, la ofuscación alucinatoria del ser humano de negar la realidad misma, incluso en el momento mismo de morir, negando que se está muriendo, y negando que, al mismo tiempo, se está matando…

Ya no me importa reconocer que no soy de este mundo y que tengo capacidades y conocimientos que la mayoría de los seres humanos desconoce. Nunca he querido hacer uso de este expediente con el que las multitudes históricamente han endiosado la verdad simple y humilde, y han antepuesto la adoración de la persona superior por sobre la humilde y esforzada experiencia de la trascendencia. Ya no me importa que no me crean nada o que me crean un loco, un incomprensible o un extraterrestre… Es más, ya no importo nada, porque la bola de nieve ya inició el descenso del presente por el flanco de la montaña del futuro. Mis palabras no valen más que el canto del ruiseñor antes de morir. Sus consecuencias ya no pueden jugarme en contra, ni volverse en contra de la verdad que declaran. Sus consecuencias son las causas de mis propias palabras… Mis palabras no son palabras, son en realidad desastres sostenidos, repetidos y en aumento. Terremotos, maremotos, inundaciones, erupciones volcánicas, epidemias, descontrol, desarmonía, desequilibrio global, condiciones insostenibles para la vida humana, provocadas por el ser humano sobre la naturaleza y provocadas por la naturaleza sobre el ser humano; pero, sobre todo, provocadas por el ser humano sobre el mismo ser humano.

Mi único propósito, con este discurso póstumo, es lograr que seamos un poco más concientes en esta nueva fase del desastre final, y que asumamos un trabajo personal concordante con los tiempos ominosos que están entrando; ya se acabó el tiempo de la esperanza, de las opciones libres, de la lucha por el cambio, de la conciencia colectiva, del llamado persuasivo a las autoridades y a la gente con poder. Es la hora de padecer

Sin embargo, humanidad condenada, al final del túnel se encuentra la luz… Pero antes del advenimiento de la luz supraplanetaria, tenemos que experimentar la etapa de la oscuridad de nuestro propio mal.

Valor, conciencia, solidaridad.

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1. Vid. http://www.emol.com/noticias/tecnologia/2015/05/06/715718/alertan-que-la-concentracion-de-dioxido-de-carbono-alcanzo-un-nuevo-record-mundial.html

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA