EL PODER DE LA MEDITACIÓN

18 Nov

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La meditación es una práctica tan antigua como el ser humano en este planeta, y a pesar de que ha sido popularizada y sistematizada en los últimos cuatro mil años por sistemas como el hinduismo y, luego, el budismo y el yoga, ha sido patrimonio de todas las culturas y pueblos de nuestra Tierra, aunque numerosas veces también haya tomado formas muy variadas e incluso encubiertas, tales como la reflexión, la oración, el canto, el baile u otras prácticas rituales.

Actualmente incluso las Neurociencias, la Siquiatría y la Sicología han reafirmado a través de estudios de carácter científico y materialista la efectividad de estas prácticas ancestrales, consideradas hasta ahora ingenuas e ilusorias por escépticos positivistas y críticos en general.[1] Consideramos que este mismo hecho marca el comienzo de un proceso histórico de insospechada trascendencia.  Aunque el materialismo científico sólo puede constatar los extraordinarios efectos a nivel neuronal y orgánico, reconoce explícitamente que la meditación conlleva un beneficio inequívoco para la salud mental, para el logro de la autosatisfacción y bienestar personal, en las relaciones interpersonales, en el fortalecimiento del sentido de vida y, en definitiva, posibilita el inicio de un proceso de transformación integral, cuyas consecuencias y efectos a largo plazo obviamente la ciencia actual es incapaz de conocer y anticipar.

La brecha histórica entre ciencia y espiritualidad sigue acortándose; cada una actualmente aprende de la otra. Sin embargo, es preciso reconocer que la espiritualidad intuitiva y visionaria siempre va primero, delineando el camino, y la ciencia, de una u otra manera, la acompaña, despejando ese mismo camino para avanzar en lo práctico y material.

Pero si la meditación ha sido un saber y práctica que ha estado en el centro cultural, religioso y espiritual de todos los pueblos, ¿se ha manifestado ya en todo su potencial, en toda su eficacia y poder?

Los eventos planetarios actuales parecen sugerir que esto no ha ocurrido así. Si bien se han hecho públicas, se han divulgado como nunca antes estas doctrinas y saberes prácticos; se han enriquecido de innumerables maneras, gracias a innumerables sabios, guías y maestros de meditación en todo el mundo; han ejercido una influencia muy positiva en ámbitos de la vida espiritual, síquica, física, personal y social de muchísimas personas, todavía no se ha llegado a actualizar su máxima virtud transformadora e integradora del ser humano en su encuentro con la realidad total y con la Divinidad.

Los eventos planetarios actuales parecen avisar que se está produciendo un fenómeno sincrónico de síntesis, de integración, pero sobre todo de trascendentalización de su naturaleza y poder. Las religiones tradicionales y mayoritarias del planeta están incorporando la meditación de sesgo oriental a sus prácticas, superando sus históricas resistencias doctrinales y teológicas hacia ella, y facilitando su utilización instrumental sin que se perciba como una adulteración de la naturaleza de sus formas y doctrinas tradicionales y ortodoxas. A la meditación se le abren crecientemente las puertas por todas partes y de múltiples maneras. A la meditación se le reconocen más y más cualidades y efectos positivos. Las publicaciones aumentan, los grupos de meditación también, las investigaciones académicas, los adeptos, la enseñanza, y hasta su comercialización. La meditación ya no es propiedad de nadie, ni se identifica con una religión, cultura, filosofía o sistema formal y doctrinal particulares. La meditación ha llegado a ser simplemente una variopinta práctica humana universal.

Sin embargo, con todas las cualidades, formas y beneficios que hasta ahora se le ha descubierto, aun así sabemos que está dispuesta para la gran realización de un nuevo efecto y poder, concordante con la etapa decisiva en que se encuentra actualmente y hacia el futuro nuestra humanidad. La meditación se está transformando en la gran herramienta, la mejor facultad y actividad síquica, el mayor poder humano para lograr los cambios de conciencia, de mente y de cuerpo que alguna vez haya logrado el ser humano.

La meditación es dúctil, humilde, sencilla y poderosa. No cuestiona nada ni a nadie. Se adapta a cualquier credo, ideología, mentalidad, carácter y circunstancia. Comunica todo con todo: las honduras del inconciente y de la supraconciencia con la conciencia; la mente con la realidad física y natural; las palabras con el silencio; el amor con el ser humano; la inteligencia con el cuerpo; la paz con el trabajo, etc. Sin embargo, por encima de todo, y como su mayor cualidad y realización, la meditación se está actualizando como la actividad y el medio más y mejor vinculante entre el ser humano y la Divinidad; entre el Universo y el ser humano.

Por una parte el ser humano está concretando en la meditación actual todos sus esfuerzos de autotrascendencia y superación que ha promovido e intentado a través de su Historia, porque ha logrado al mismo tiempo sincronizarse como nunca antes con el advenimiento de un nuevo espíritu, energía, avatar divinos –o como quiera llamársele–, y que desde las honduras del Universo, desde los planos divinos, desde la dimensión trascendente –o como quiera llamársele—está impregnando sutil y transformadoramente la mente y la conciencia humanas, así como todos los planos constitutivos de este planeta. Es precisamente gracias a la meditación, y por sobre cualquier otra habilidad y facultad humana –al mismo tiempo todas complementarias– que esta experiencia de una nueva energía divina y multidimensional se puede actualizar e integrar armónica y amorosamente sólo a un ser humano en sintonía y disposición de autosuperación y autotrascendencia.

Una nueva forma de meditación, entonces, comienza a aparecer en el mundo. Una nueva forma que responde a las necesidades multiformes del humano contemporáneo y que surge de su propio proceso histórico de globalización y a la vez de  diversificación; pero también y sobre todo de un modo de meditación original y superior que adviene desde una nueva forma o energía o espíritu divino que comienza a materializarse y configurarse en los planos más elementales de nuestra experiencia humana y terrena.

La meditación, una nueva meditación, es actualmente el canal supremo que la Divinidad y el Universo han elegido en el ser humano para provocar el terrible y maravilloso tránsito de integración y trascendencia que se avecina para la Humanidad.

 

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