Medicina, Terapia y SanoEvolución

18 Ene

Image

“Lo invisible manda sobre lo visible, el mundo sutil da órdenes al mundo físico, el espíritu a la materia. Pero los contemporáneos aún no lo han aceptado. ¡Creen que la parte sutil, psíquica, depende de la materia, del cuerpo físico, y que los pensamientos, por ejemplo, son segregados por el cerebro como la bilis es segregada por el hígado!”

Omraam Mikhael Aivanhov, Los Fundamentos Espirituales de la Medicina, p.4

 

“La mejor terapia consiste en pensar, sentir y actuar en armonía con las fuerzas y entidades luminosas de la naturaleza y del universo entero.” Ibid. p.23

 

 

Las personas se enferman; a veces experimentan leves y pasajeras molestias, pero en otras ocasiones sufren dolores, alteraciones severas en el funcionamiento y bienestar de su cuerpo y mente, que pueden llegar a provocarles graves problemas, impedimentos, daños permanentes y hasta la muerte. Esto resulta evidente. Desde que el ser humano puebla la Tierra ha sufrido esta desagradable y penosa experiencia. Las explicaciones y formas de abordarla han sido innumerables y variadas.

Las antiguas y primitivas culturas indígenas ya consideraban en general que la enfermedad no era precisamente un regalo de los dioses, ni un estado que era preciso buscar y mantener, sino muy por el contrario. Sin embargo, además del rechazo natural a los penosos efectos corporales, sociales y ambientales que la enfermedad acarreaba, sobre todo fue el dolor y el sufrimiento asociado lo que asumió el lugar central y prioritario en el deseo de evitación de todo ser humano. Así pues, se desarrollaron mitos, doctrinas, saberes prácticos, teorías, técnicas, visiones, etc., que intentaron la superación de la enfermedad y del sufrimiento.

En la época moderna dos han sido los sistemas religioso-doctrinales que han dominado el mundo con su visión del sufrimiento: cristianismo y budismo. El primero –cristianismo–, intentando asumir significativa y trascendentalmente el mismo para de esta forma superarlo y aniquilarlo; y el segundo, tratando de evitarlo también trascendentalmente, es decir con una respuesta y finalidad últimas que superan la vida y el plano de existencia humanos. Ya volveremos sobre estas dos sobresalientes y valiosas respuestas históricas a este hecho.[1]

Por ahora queremos constatar que una de las consecuencias de este rechazo universal al dolor y la enfermedad dio origen en todas las culturas a personas y luego saberes especializados que se identificaron con este propósito de suprimir la enfermedad y el dolor; y que, aunque en sus orígenes estuvieron asociados a otras prácticas y funciones, tales como el sacerdocio, realeza, chamanismo, magia, profetismo, adivinación, etc., en general tendieron hacia la especialización en una función diferenciada que acabó denominándose medicina.

La medicina moderna mundial ha tendido a unificarse a partir de la medicina europea de carácter científico y tecnológico, la cual, además de sus extraordinarios progresos e indiscutibles beneficios para la salud y la vida humanas, ha generado no obstante curiosos fenómenos de descontento, desconfianza y búsqueda de procedimientos y enfoques alternativos, complementarios o no a este enfoque científico y farmacológico, en una inmensa y creciente cantidad de personas en todo el mundo.[2]

Un aspecto de este hecho guarda relación con la revalorización de toda una categoría de enfoques y métodos que se ha dado en llamar medicina alternativa o complementaria, muchos de los cuales tienen incluso una data que se sumerge en la prehistoria misma del ser humano, y en saberes de numerosas tradiciones culturales. Esta medicina alternativa se vio confrontada y fuertemente cuestionada durante la primera mitad del siglo XX por los círculos académicos y científicos de occidente; sin embargo desde la segunda mitad de ese mismo siglo hasta nuestros días ha ido progresivamente ganando atención, investigación e incluso reconocimiento por muchos de esos mismos círculos, hasta lograr incluso que médicos de formación y práctica científicas la recomienden a sus pacientes y también la incorporen a sus propias prácticas profesionales.[3]

Una de las causas de este reencuentro entre dos enfoque aparentemente contrapuestos acerca de la naturaleza humana y de la naturaleza de la enfermedad y del sufrimiento se debe, primero, a que ninguna de las dos visiones y tratamientos se ha mostrado suficiente para resolver por sí sola la problemática que esta dimensión humana implica. Una de las mayores cualidades del método científico de la medicina académica consiste en que, en general, da una respuesta muy concreta, bastante coherente e inmediata a síntomas manifiestos y abordables a través de estudios y métodos empíricos de tratamiento, tales como la observación y experimentación clínicas; la farmacología, la cirugía, los exámenes con instrumentos y aparatos tecnológicos que aportan datos cuantificables y objetivos; la estadística; el aumento creciente y consistente de nuevos conocimientos que mejoran la comprensión y tratamiento de las enfermedades; el trabajo coordinado y sistemático de una comunidad científica global; el apoyo de un sistema económico, político y social mundiales que lo respalda fuertemente; el mejoramiento progresivo de las tecnologías médicas, etc.

Estos y otros muchos factores dan solidez, efectividad y fortaleza a este tipo de medicina, de manera que por mucho que sean realizadas por terapias alternativas excepcionales curaciones de enfermedades no recuperadas por la medicina científica, en términos generales esta medicina debe ser reconocida en sus incuestionables méritos y ámbitos de validez, de modo que con justicia se denomina a las demás medicinas como complementarias de la medicina convencional y científica.

El siglo XX hasta hoy, sin embargo, compareció ante el agotamiento del paradigma científico materialista, racionalista y sensualista; se evidenció su incapacidad de resolver la mayoría de los problemas humanos y, sobre todo, de esconder que la realidad era infinitamente más que lo que la ciencia validaba como tal. Por ello volvió a hacerse patente y acuciante que siempre había habido un costado abierto y herido de la humanidad; y ese lado que se relacionaba con el sufrimiento y la ausencia de felicidad chilló primero que todo por la boca del sufrimiento, de la angustia, del estrés, de la depresión, del agotamiento, de la violencia, de la insatisfacción, del aburrimiento, del desequilibrio emocional, de las enfermedades físicas, de la desorientación existencial y moral de millones de almas, mentes y vidas humanas profundamente desgarradas e insatisfechas.

Entonces surgió la respuesta del espíritu divino y humano que ha acompañado amorosamente a la historia humana en este planeta. Una energía sostenida y, por épocas, soterrada como el flujo de un río subterráneo que vuelve a hacer aparecer sus aguas en la superficie cuando se la necesita y se debe; un saber tradicional, un espíritu antiguo y al mismo tiempo nuevo, una manifestación de divinidad original y no conocida comienzan a influir sobre el mundo –expresado esotéricamente como cambio de era–, y sus primeros efectos consistentes comienzan también a verse por todas partes en esta segunda década del tercer milenio.

Uno de esos efectos es precisamente la revalorización de la medicina tradicional y, todavía más, a través de ella facilitar y materializar la transición hacia una nueva energía terapéutica de origen espiritual que comenzará a advenir planetariamente con fuerza en los próximos decenios. La virtud de la medicina tradicional consiste en reconectar e interconectar la dimensión conciente, física, material, síquica y natural del ser humano con una experiencia de apertura hacia la realidad circundante, hacia la totalización armónica, interactuante, fluida, indeterminada e interdependiente de los factores vivenciales significativos para cada persona, de manera que la persona reconozca y experimente en sí mismo sus desequilibrios internos, sus limitaciones, sus errores que lo llevan finalmente, al no ser resueltos, a la enfermedad síquica y física, y a las más variadas y a veces encubiertas formas de sufrimiento.[4] Sin embargo, muchas formas y tipos de terapia alternativa rescatan del vacío de la ciencia médica solamente una primera fase de conexión más abierta, intuitiva, natural y armonizadora con lo inmediato y con la corporalidad física y el siquismo natural y primario –armonización de las emociones básicas, autopercepción, control básico del pensamiento y la mente,  a través de la utilización de medicamentos homeopáticos,  prácticas terapéuticas formularias y repetitivas, efecto placebo, actualización de potentes capacidades autosanadoras, ejercicios físicos y síquicos, etc.–, pero no transitan hacia los niveles causales y menos evidentes de la conciencia, del espíritu, de la mente, del cuerpo y de la realidad en su conjunto.

Ciertamente la medicina alternativa cumple actualmente un rol insustituible que tiene que ver con la recuperación de la dimensión natural, abierta, natural, integrada, significativa, mental y espiritual de la enfermedad, del sufrimiento y de la vida y experiencia humanas en general, lo cual hasta ahora no tiene cabida en el enfoque científico de la medicina.

El modelo y terapia sanoevolutiva, sin embargo, no pretende adscribirse ni  a este enfoque de la medicina alternativa, ni a la suma de ambos enfoques terapéuticos –académico y tradicional–. El modelo sanoevolutivo  intenta actualizar el movimiento energético planetario del tercer milenio, de profunda y original sustancia espiritual, el cual, asumiendo todas las formas conocidas de medicina y terapia, ofrece, con todo, un avance y complemento trascendental para el nuevo salto evolutivo integral ya iniciado del ser humano.

 En esencia este modelo de humanidad y realidad sanoevolutivo, como parte de un nuevo modelo planetario en gestación y todavía innominado, reconoce la posibilidad de alinear, de reorganizar y construir hacia el futuro un modelo humano verdaderamente integral que se justifique y experimente a partir de planos de trascendencia y de realidad causales, espirituales, interdimensionales y sutiles, ignorados para la mayoría de los seres humanos, desafiantes para los científicos, e incluso para los maestros y guías tradicionales, pero que por primera vez en la historia humana están descendiendo y materializándose poderosamente para transfigurar nuestro nivel denso de realidad. La posibilidad de reunificarse con estos planos superiores de realidad está al alcance de cualquier persona, aunque la tarea es ardua y la vida breve. Este modelo implica una inversión de la atención y el trabajo terapéutico científico y también tradicional, en el sentido de que incluso un resfrío o una alergia serán trabajados ante todo desde una dimensión espiritual y de conciencia ampliada, cuyo efecto natural y sobrenatural será la sanación no sólo de un resfrío o alergia particulares, sino en general del fortalecimiento del sistema inmunológico y de la activación sostenida de las poderosas defensas y energías sutiles que guarda el inconciente profundo y superior del ser humano, y a las cuales el cuerpo físico –en todos sus sistemas, funciones, estructuras y formas–  está completamente subordinado y disponible.  Sobre esto hablaremos una y otra vez en esta web. Sobre esto versa mi magistratura sanoevolutiva que he venido a facilitar.

¡La Humanidad debe experimentar hoy, más que nunca, esperanza y gratitud!…

 

 

 

 

 


[1]  En próximos artículos profundizaremos sobre estas dos doctrinas del sufrimiento humano.

[2]Este solo hecho requiere de variados y sesudos estudios que permitan comprender debidamente este fenómeno, por lo que lo abordaremos en otros artículos con mayor profundidad.

[3] En el presente artículo trataremos de dar una visión y explicación escuetas de este evento, ya que por ahora nos interesa ante todo dejar sentadas las bases que justifican nuestro modelo y terapia sanoevolutivas.

[4] Eric Rolf lo expresa sabia y bellamente: “La vida nos habla en susurros, si no podemos escuchar nos habla más alto. Si aún no podemos o no sabemos entender o no queremos escuchar, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito. Ese grito es el dolor, la enfermedad o el accidente.” Eric Rolf, La Medicina del Alma, p.2

http://www.boosterblog.es

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA

A %d blogueros les gusta esto: