Las Causas de las Enfermedades

28 Ene

espiritualidad

Toda enfermedad es siempre una metáfora que nos habla velada y simbólicamente de otra cosa menos evidente y que reclama nuestra hasta entonces insuficiente atención sobre este aspecto significativo para nuestra conciencia profunda. Toda enfermedad es una demanda llena de sentido que es necesario comprender y asumir. La ciencia médica contemporánea desconoce esta dimensión semántica causal de la enfermedad. Las terapias alternativas , por su parte, comienzan a centrar su atención en este nivel causal, aunque muchas se quedan dentro de una perspectiva circunscrita sólo al nivel causal básico orgánico, funcional y síquico. La semántica causal de la enfermedad –como comienza a hacerse manifiesto– se sumerge en las honduras de la conciencia profunda, adonde no ha llegado contundentemente ninguna técnica terapéutica o investigativa hasta ahora.

Es verdad que a menudo la causa de una enfermedad puede deberse también a un agente patógeno externo y objetivo, como un virus o una bacteria; puede ser provocada por un evento nocivo para la salud, como una intoxicación o un accidente; puede incluso evidenciar un daño causado intencionalmente por otra persona o por uno mismo, como la tortura o la rabia que hace agredirnos a nosotros mismos; puede ser provocada por un proceso fisiológico como la menstruación o el embarazo, etc., pero aun en cada una de estas causas evidentes existe una sincronía significativa con un nivel causal en nuestra conciencia profunda que se experimenta en paralelo y simultáneamente.

Toda causa que proviene de nuestra conciencia profunda es siempre más significativa y relevante para nosotros y para nuestra realidad circundante que cualquier causa o daño físico y mental que provenga del plano físico espacio-tiempo-conciencia despierta. Es decir, toda causa en el plano físico natural es siempre al mismo tiempo un efecto de una causa de conciencia profunda o causa primera. Y esta ley de multicausalidad no vale sólo para la enfermedad o el daño, sino para todo, absolutamente todo lo que experimenta y le acontece a un ser humano. Nuestro nivel de realidad natural, este espacio-tiempo-conciencia lúcida, es causado y es proyección de otros niveles de realidad que apenas comenzamos a vislumbrar debido a nuestras limitadas condicionantes cognitivas de especie. Es decir, todo lo que acontece en este plano natural de realidad responde por una parte a las relaciones causales que por ejemplo la ciencia conoce y explica; pero el hecho, por ejemplo, de que una inundación provoque daño a ciertas personas en particular no se debe meramente a las leyes de la naturaleza o a causas naturales que provocan inundaciones, y que a aquellas personas por azar les aconteció ser víctimas, sino que también había una razón causal que provocó que esas personas –y no otras– experimentaran precisamente ese daño que debía ser causado para ellas, y en algún sentido por ellas –por relación causal desde su conciencia profunda–.

El intento o propuesta de establecer un código sicológico causal y universal, una especie de mapa síquico y vivencial, para cada enfermedad o dolencia –como por ejemplo que la diabetes es causada por amargura y rabia recurrentes en la persona—posee un grado de validez limitado y parcial, ya que su explicación causal identifica una causa única y específica, simplificada, reducida a una experiencia evidente y mecánica que no asume la complejidad de la mente y de la realidad; desconoce las diferencias individuales; no considera el rango indeterminado de lo que se ignora  incluso de la mente y de la realidad experimentadas; explica la enfermedad de acuerdo a patrones lógicos y empíricos, como si la naturaleza y funcionamiento de la mente se redujesen al de un fenómeno físico natural más (un objeto más), etc. Es verdad que frecuentemente también una explicación de esta naturaleza permite realizar una primera aproximación a las causas profundas y no evidentes de la enfermedad; muchas veces arroja una explicación que de alguna manera y en alguna medida orienta e identifica correctamente ciertas áreas conflictivas y significativas para comprender tanto la enfermedad o sus síntomas, como la relación con el modo de vida de la persona misma, o con su estado personal y vivencial. La mayoría de las terapias alternativas entienden así la relación entre enfermedad y causa, y en este último sentido representan un aporte hacia la comprensión integradora de la enfermedad, de la persona y de la realidad; sin embargo también adolecen de las deficiencias y debilidades más arriba mencionadas.

Si realmente existen leyes que regulan la relación de sincronía entre los diferentes planos causales de la experiencia humana y natural, no podemos actualmente conocerlas, pues se realizan en niveles de realidad que por ahora sólo podemos intuir vagamente e inferir teóricamente. Por ello, todo intento de ir hacia el fondo de las causas de la enfermedad representa una aventura incierta, un recorrido a tientas, una mera aproximación a los mundos internos y causales difícil de confirmar. El mundo interior de todo humano es un laberinto oscuro, una zona difusa y onírica, en la que es difícil orientarse, reconocer manifestaciones estables, mantener la coherencia con los patrones de conciencia despierta, identificar contenidos por medio de la conciencia despierta, diferenciar entre verdad e ilusión, asumir otros niveles o estados de conciencia sin que la conciencia despierta no experimente alteraciones y modificaciones importantes, etc. Y sin embargo, hay un cierto imperativo en esta naturaleza misma de la enfermedad y de la condición humana en general que nos exige de alguna manera que iniciemos el difícil recorrido hacia este misterioso interior de nosotros mismos y de la realidad en su conjunto. Creemos que un espíritu superior nos mueve y nos comienza a proveer planetariamente de los medios necesarios para avanzar hacia esa dimensión causal opaca de la realidad y de la mente humana. Nuestro propio modelo sanoevolutivo adhiere a este nuevo proceso del espíritu divino y colectivo.

Los terapeutas están haciendo bien su trabajo, lo mismo que los médicos, pero ya es el momento, ya están dadas las circunstancias y medios para seguir avanzando hacia una integración todavía más amplia que la mera integración ciencia-terapias alternativas. Hablar de una nueva y más amplia integración incorporando la espiritualidad como dimensión fundamental puede ser una buena manera inicial de representar hacia dónde y cómo debe iniciarse este proceso de amplificación. Sin embargo, cuando tratamos de definir, de identificar y aprehender esto que denominamos más o menos vagamente espiritualidad, también nos encontramos con un área de nuestra experiencia que se nos aleja hacia una hondura de nuestra mente y de nuestra alma difícil de traer y justificar en este plano de conciencia y experiencia. A través de esta espiritualidad un tanto difusa se nos manifiesta, por una parte, una fuerte intuición positiva de su propia existencia y presencia, y una evidente proyección altamente beneficiosa en todos nuestros planos constitutivos como persona; sin embargo cuando se trata de asegurar y precisar cuál es la verdad de la forma que colectivamente se le asocia –cuando se trata por ejemplo de creencias o representaciones grupales o culturales–; cuando se trata de demostrar cuál es la verdad de la forma y contenido que se nos presenta y representa a cada uno dentro de la experiencia y entendimiento personales, entonces ya no hay nada seguro, nada irrefutable, nada definitivo y universalmente válido. Lamentablemente existen innumerables representaciones de manifestaciones de espiritualidad que pretenden ser aprehensiones y representaciones de la verdad –a veces altamente elaboradas y específicas–. De hecho existe una tendencia natural del ser humano a establecer y fijar vivencias y saberes que se pretenden verdad en detrimento de otras expresiones y vivencias de espiritualidad y de verdad. Con todo, al encontrarse el ser humano en esta etapa evolutiva no puede asegurar que algo que se experimente o se conozca en estos planos de realidad y experiencia espirituales sea ciertamente verdadero o ciertamente falso. Aun así nuestra conclusión es la misma que propusimos respecto de la indagación de los planos causales profundos de la enfermedad. Es  el momento de iniciar un nuevo abordaje, una nueva experiencia de espiritualidad universal que signifique un avance histórico no conocido ni posible hasta ahora, pues innumerables señales en el mundo y en el ser humano así parecen indicarlo.

SanoEvolución es una propuesta teórica, experiencial, terapéutica y espiritual que se propone avanzar en estos terrenos opacos y ambiguos, pero tremendamente significativos, esperanzadores y promisorios para el desarrollo y evolución humanos. Nuestras investigaciones y experiencias intentarán reconocer nuevas herramientas, nuevos procedimientos, nuevas explicaciones y saberes que permitan avanzar en el reconocimiento de estas honduras del ser humano y de la realidad.[1]


[1] En próximos artículos abordaremos, por ejemplo, la relación entre enfermedad y espiritualidad; la posibilidad de establecer algún mapa o técnica universales para avanzar en el conocimiento de la conciencia profunda;  la intuición como facultad superior de conocimiento; la relación entre enfermedad y conciencia profunda.

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Una respuesta to “Las Causas de las Enfermedades”

  1. La barquita de madera 28/01/2014 a 11:48 #

    Gracias por el trabajo.
    Un saludo.

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