VIVIR EN TRES NIVELES

9 Ago

¿Cuántas veces en el día nos vemos enfrentados a situaciones difíciles, conflictivas, desafiantes, inquietantes, apremiantes y desestabilizadoras, al punto de que muchas veces, mientras estas mismas ocurren, y la mayoría de las veces, después que han pasado, nos hacen evidente que no las enfrentamos bien, que nosotros mismos no actuamos como debiéramos haberlo hecho, y, a fin de cuentas, que no resolvimos de la mejor manera, pudiendo haberlo hecho mucho mejor…? ¿Cuántas veces discutimos o actuamos mal con nuestra pareja, con nuestros hijos, con el vecino, con el vendedor, con el automovilista que nos desafía, con el amigo, el desconocido y también con el enemigo, pero sentimos en nuestro fuero interno que no debiéramos haber hablado ni actuado de esa manera?…

En esta ocasión quisiera compartir con ustedes algo simple, pero concreto y eficaz: una estrategia espiritual y sicológica que a mí siempre me ha dado buenos resultados. La mayoría de las veces cuando enfrentamos una situación de esta naturaleza, que nos desafía a nosotros mismos, que nos enrostra nuestra incapacidad de actualizar lo mejor de nosotros y, en cambio, nos lleva una y otra vez a enredarnos en nuestras propias recurrentes imperfecciones; cuando a la palabrota y a la ofensa respondemos con otra palabrota y con una “justa” ofensa de respuesta; cuando al golpe y al maltrato respondemos con rabia y con otro golpe; cuando a la injusticia y al autoritarismo bajamos simplemente la cabeza y nos sometemos sin más; cuando sacrificamos nuestra autenticidad en pro de cualquiera buena causa; cuando al error, a la crueldad, al maltrato de otros simplemente volvemos la cara hacia otro lado; cuando el arrepentido, el ser amado, la vida misma incluso te expresa: “Te amo”, o “Perdón”, y tú sólo callas y sigues adelante, como si nada… has hecho lo que hacemos todos los seres humanos sin conciencia suficiente: nos identificamos con el estado emocional del otro, con el error del otro, y experimentamos lo mismo que el otro; o peor, como cuando nos expresan “te quiero” y permanecemos indiferentes; o cuando a un empujón, respondemos con una cuchillada, entonces incluso nos ponemos por debajo del otro y por debajo de nosotros mismos; respondemos entonces con lo peor de nosotros.

¿¡Cuántas veces justificamos autocomplacientemente estos actos nuestros, estos sentimientos, nuestras ideas, nuestros hábitos, condicionamientos y debilidades, y nos encubrimos autoadjudicándonos la defensa de altos valores, como la verdad, como el amor, como la voluntad de Dios, como el derecho, la justicia, el honor, la educación y tantas cosas más!?… Lo que aquí quiero compartir, mi estrategia espiritual y sicológica no puede ser llevada a cabo por nadie que primero no reconozca honesta y verdaderamente sus propios mecanismos sicológicos evidentes, sus mecanismos sutiles, así como sus condicionamientos inconcientes, con los que encubre y valida sus propias debilidades, sus errores, su modo de ser y de actuar, para tratar de hacerlos parecer sus fortalezas, sus cualidades, sus aciertos y su mérito personal, o simplemente, su normalidad… ¡Tremendo trabajo personal, por cierto, que puede llevarnos más de una vida el lograrlo adecuadamente!

Sin embargo, mi estrategia posee una doble capacidad y virtud; con ella he logrado no sólo actuar y responder mejor a los desafíos grandes y pequeños de mis relaciones humanas y del día a día en general, sino también a los desafíos que mi propia ceguera interior me impone a mí mismo para superar mis propios autoengaños, defectos y pequeñeces.

Comparto, pues, mi modesta estrategia y experiencia: Pon siempre a tu conciencia y a tu mente en un tercer nivel, es decir, en el estado mental superior de ti mismo, cuando quieras actuar y ser de la mejor manera posible.

Diferénciate a ti misma. No eres una sola persona que tiene que mezclar siempre y necesariamente lo mejor de sí con lo peor de sí. Concíbete y experiméntate a ti misma como un ser en evolución, en transformación constante, como un ser compuesto de niveles, de potencialidades, de pasado, de presente y de futuro. Como un ser compuesto al menos en tres niveles diferenciados de realización individual… De ellos, el primer nivel, el que todo ser humano naturalmente quiere evitar, consiste en dejar ser, en identificar tu conciencia y tu estado de mente con lo peor de ti mismo… Pero, aunque la mayoría podemos separarnos de ese más bajo nivel de nosotros mismos con cierta facilidad, tampoco te dejes simplemente ser e identificarte con tu segundo nivel, que consiste en actuar como lo haces inadecuada y normalmente, o bien como el otro te anima a responder y actuar de acuerdo a su propio comportamiento imperfecto y confuso.

El tercer nivel, no obstante, te estarás preguntando: ¿qué es en mí?, y, ¿cómo alcanzarlo?… Podría exponértelo de innumerables maneras, mas te lo diré primero de una manera simple y gráfica: Es tu propio Jesús interno.

Jesús, su modo de ser, su expresión humana, simboliza y representa lo mejor de todos y cada uno de los seres humanos. Jesús es el modelo ideal de nosotros mismos en el futuro de la humanidad que busca su propia evolución y propósito, y en nuestro propio devenir individual hacia un tiempo perfecto que aún no llega, pero hacia el cual todos contribuimos, y también al que todos dificultamos, desde nuestro presente y actualidad… Si no quieres llamarlo tu Jesús, entonces simplemente considera cómo quisieras actuar tú mismo frente a cada dificultad, frente a cada problema, frente a cada desafío personal: ¿con generosidad, con tolerancia, con amplitud, con sabiduría, con equidad, con amor, con paciencia, con serenidad, con clarividencia, con intuición, con compromiso, con fe, con optimismo, con alegría, con energía, con inteligencia, con valor, con conciencia, etc., etc., etc.? Entonces júntalo todo en tu yo superior, en una representación ideal de ti mismo, en tu propio tercer nivel, como si fuese el tercer piso de tu casa, y vé allí cada vez que lo requieras. Ojalá pudieras residir permanentemente en tu yo superior, en tu conciencia y mente superiores, pero realistamente nadie te pide tanto; sólo tú podrías proponértelo a ti mismo como el desafío más personal, e intentar cumplirlo todo el tiempo. Por lo tanto, si vas a discutir, mira antes desde tu tercer nivel a ti mismo y con quien vas a discutir; si vas a resolver algo importante, mira antes desde tu tercer nivel la situación; si vas a hablarle a otra persona, mira antes desde tu tercer nivel a ti mismo y a esa persona; si alguien se acerca a ti, míralo de inmediato desde tu tercer nivel, y no del segundo o del primero, lo mismo si es alguien que te va a hacer daño, como si quiere manifestarte bondad… Si lo logras, si experimentas a todo ser humano y a toda experiencia de vida desde tu tercer nivel, entonces constarás que todo siempre sucederá como debe suceder, y tu alma descansará en la profunda paz humana-divina de la realidad.

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Una respuesta to “VIVIR EN TRES NIVELES”

  1. Sebastián Dominguez 04/05/2015 a 18:21 #

    Muy groso, más simple imposible agradezco esto que escribiste de corazón, que bien me vino, esto me va a servir de ahora en más sólo espero poder recordarlo y saberlo aplicar.
    Saludos!

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