Archivo | septiembre, 2016

PUDO SER

17 Sep

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Hay personas en nuestras vidas, cuyo carácter más sobresaliente es “pudo ser”… Fueron personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, pero sobre todo y siempre, “pudo ser”… Personas encantadoras que hicimos nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros ideales, nuestros maestros, nuestros confidentes, nuestros deseos y aspiración de felicidad. Esas personas maravillosas que nos enamoraron y hechizaron con sus extraordinarias cualidades; esas personas deliciosas que nos hacían gozar la vida y activar lo mejor de nosotros, hasta que un día, después de sucesivos, resistidos y penosos desengaños, inconsecuencias, insatisfacciones, errores, defectos, desencuentros y tantas cosas más, acabábamos reconociendo… “¡No es, pero pudo ser!”

Fueron y son esas personas que parecían poseerlo todo, que de hecho lo tenían todo para hacernos felices; que a cada momento nos hacían sentir con intensidad extrema que estaban a punto de darnos el paraíso, pero que, sin embargo, nunca acababan realizándolo; y, al final, después de que nosotros habíamos puesto tanto sentimiento, exaltación, gratitud, expectación y entrega, nos concedían nada más que un portazo en la cara. Entonces llorábamos a escondidas, a veces nos quejábamos abiertamente, a veces reclamábamos: ¡Egoísta, acaba alguna vez de darme lo que me estás ofreciendo!… Y exigíamos, por tanto, aquello tan obvio y justo que nos daban sin darnos.

Hoy, después de tantos ilusos y frustrados “pudo ser”, reconozco que exigirle a otro ser humano que nos regale la dicha que nosotros necesitamos y sentimos que viene de ese otro ser, es una condición encubiertamente egoísta y perversa. Si experimentamos personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, y más, debemos disfrutar sus maravillosas cualidades sin exigirles nunca nada más, nunca que “completen nada”, nunca que nos den nada, aunque nos lo quieran ofrecer… Sólo debemos amar, valorar y desear lo que las personas puramente son, y jamás lo que siempre están a punto de llegar a ser. Nunca debemos estar con alguien por lo que puede llegar a ser, sino sólo por lo que de hecho ya es…  Amemos, valoremos, deseemos sólo lo que las personas de hecho nos dan, incluso también con todos sus defectos, espejismos e incompletudes –si libremente así lo queremos, pues también podemos sin culpa rechazarlas–, porque la felicidad completa en este mundo, que unifica lo real y lo posible, lograda gracias a otro ser humano, nunca es real ni verdadera, sino siempre sólo un “pudo ser”…

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