Archivo | ESPIRITUALIDAD UNIVERSAL RSS feed for this section

EL AMOR ES MÁS FUERTE

13 Sep

Pastorcitos Fátima

Hoy, que han transcurrido treintaiséis años desde entonces, quiero narrar un hecho que he guardado celosamente en mi vida privada. De haberlo hecho antes me hubiera ganado el menosprecio, la burla, la incredulidad y hasta persecución que sólo hubiera agravado insoportablemente la misma que de igual manera he experimentado todo este tiempo. En unos meses más cumpliré sesenta años y la vida comienza a declinar por este lado. No voy a esforzarme en dar pruebas ni voy a insistir en la veracidad de los hechos. A estas alturas de mi vida no necesito convencer ni impresionar a nadie con mis atributos ni mi valía… A estas alturas de mi vida, ya no necesito ni atributos ni valía. Sólo trataré de ser claro y directo.

Aquella noche dormía profundamente y me hallaba en uno de esos sueños en los que repentinamente uno se descubre que está soñando. Entonces desperté de inmediato, como si el descubrir la ilusión del ensueño acabase sin dilación con la fantasía, pero –¡he aquí lo sorprendente!– no con el sueño… Abrí mis ojos y continué viendo despierto ante mí lo mismo que veía durante el sueño, plenamente autoconciente, antes de despertar: Ante mí se abría una especie de vórtice en colores blanco y negro; giraba velozmente en torno a un centro oscuro que yo veía en perspectiva hacia el fondo del mismo. Dejándome guiar por mi positiva intuición me adentré voluntariamente por el túnel que formaba el vórtice, el cual pareció recibirme, activándose la fuerza gravitacional hacia su fondo. Cuando avancé veloz por él vi repentinamente que el fondo y centro oscuro se tornaba blanco y comenzaba a ensancharse a medida que me aproximaba a él. Entonces todo se volvió de ese mismo color ante mí. Lo que al principio se veía simplemente de color blanco, pronto se transformó en una suerte de vapor o niebla intensamente alba. Por el centro de la misma comenzó a despejarse esta nubosidad, dejándome ver, cerca de mí y ante mí, las escalinatas de la Basílica de San Pedro, y, más allá, el entorno de la Plaza de San Pedro. Mi visión se producía desde el rellano superior de la escalinata, al costado izquierdo de la misma. Entonces divisé con horror al Papa Juan Pablo II solo, tirado sobre las escalinatas, enteramente vestido de blanco, y con su ropa ensangrentada a la altura del estómago. No había nadie más en todo el lugar. En seguida me pareció vislumbrar algo como un puñal junto a él, manchado de sangre. Supe de inmediato que aquella visión era real, y que me advertía de su futura y cruenta muerte, asesinado. Entonces pregunté mentalmente: ¿Cuándo?… Y, como respuesta, una especie de mano invisible dibujó en el aire con letras negras, difusas y vaporosas: 1981

La visión y el sueño –si puede llamarse así—cedieron. Quedé allí, acostado en mi cama con los ojos abiertos, a los 23 años, ¡una noche de comienzos de Diciembre del año 1980!… En aquella época el mundo entero, y yo mismo, estábamos deslumbrados con el carisma espiritual de ese santo varón. Sentía su alma cercana a la mía, de manera que el dolor que me causaba saber que atentarían (dentro de un año más) contra su vida cobraba dimensiones colosales e íntimas. ¡El mundo entero, que se esperanzaba entonces con ese poderoso vicario y presencia de Cristo, se vería horrorizado y desolado por este magnicidio!…

A la mañana siguiente decidí que debía contárselo a alguien, y lo hice así con mi hermana, quien a la sazón tenía 16 años. Me escuchó con interés, pero sin mayor comentario… (Luego ella olvidaría que se lo había anticipado el año anterior.) Sin embargo, este habitual escrúpulo que me ha acompañado toda la vida me susurró internamente que ya no se lo participase a nadie más. No albergaba la menor duda de que aquello iba a acontecer realmente así. Ya por entonces había desarrollado cierta habilidad extrasensorial y síquica que me permitía, primero, discernir mis sueños premonitorios (y frecuentes), de aquellos sueños sólo cargados de simbolismo e intensidad, pero generados ante todo por mi fantasía onírica y mi subconciente personal. Había reconocido también otros tipos de sueños, en que ambos niveles de realidad (síquica y premonitoria) se entremezclan, generando una especie de anticipo del futuro, pero deformado o supeditado a representaciones significativamente síquicas, las que, pareciendo anticipatorias, sin embargo no llegan a serlo. En este tipo de sueños no era nada fácil discernir qué era qué… ¡El sueño (y visión) del atentado a Juan Pablo II –lo supe desde el mismo instante que lo presencié y lo experimenté– no era ni de éstos, ni de los puramente mentales!… Los hechos posteriores reafirmarían una vez más este certero autoreconocimiento.

Digo esto para que se entienda el impresionante grado de certidumbre que de inmediato me acompañó respecto de la necesidad (y hasta fatalidad) de los terribles acontecimientos que estaba anticipando. (No es la ocasión de ahondar en el hecho de que ya sabía, también, que estas visiones y premoniciones no eran causadas primeramente por ; pero dejaremos esta larga y concatenada historia para otra oportunidad.) Así pues, con esta terrible carga de conocimiento y responsabilidad pensé, en mi afecto y valoración de su Santidad, informar a alguna autoridad cercana a su persona sobre este hecho inminente, si ya no hacerlo a él mismo, lo cual me pareció de inmediato impensable, dada su obvia inaccesibilidad para este oscuro, insignificante y distante chileno. Sin embargo, no fue ninguna consideración práctica, mundana o restrictiva lo que me detuvo entonces (si bien también supe que nadie me creería ni me validaría), sino algo que se me transmitió desde una zona más profunda y trascendental de la realidad y de mi propia mente: ¡ASÍ DEBE SER!…

Mi vida continuó, por tanto, sin preocuparme mayormente ni más de esta visión, ¡hasta el miércoles 13 de mayo de 1981!… Es imposible expresar lo que me ocurrió al enterarme del hecho casi en el minuto posterior al acto criminal. Una avalancha de inquietudes, pero sobre todo de sucesivas revelaciones se me fueron hilando una tras otra, hora tras hora, día tras día… Primero pensé, cuando se informó que el Papa había sido herido gravemente a bala, que moriría poco después, o en cualquier momento. Sin embargo, horas después, días después, constaté (mentalicé) que el mundo reaccionó con una intensidad, con un arranque nunca visto de espiritualidad y amor hacia él y hacia su misión transformadora; con una concentración de poder colectivo nunca visto de energía salvífica y superior, que se remecieron los cimientos mismos del Destino… Que los Señores del Proyecto Tierra –si pueden llamarse así–, recibieron la fuerza, la autorización y el mandato de cambiar el destino de Juan Pablo II, pero, sobre todo, ¡de la Humanidad misma!…

Lo que revelaré a continuación podrá parecer chocante y delirante para muchos, y –debo reconocer que primero lo fue para mí mismo– hasta hoy también guardo un alto grado de desconfianza a su exactitud y literalidad, aunque sé que hay en esto más verdad que error. Quizás todo lo que narro se entendería y creería muchísimo más y mejor si pudiese aquí y ahora agregar infinitas cosas que tendré que callar por el momento. Permítaseme resumir lo principal en algunos puntos que detallaré a modo de esquematizada cuenta:

Primero, se me hizo saber que Juan Pablo II estaba enterado de antemano y por varios medios acerca de este atentado, aunque no con exactitud. Por nombrar sólo uno, Juan Pablo conocía los tres secretos de Fátima[1], particularmente el tercero, hasta entonces ignorado por todo el mundo, y sólo conocido por los Papas. En él se leía: “[…]El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, medio en ruinas y (él) medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares.”

Juan Pablo se planteó a sí mismo seriamente que él pudiese ser la víctima crística de esta profecía. Juan Pablo conocía perfectamente los modos asesinos y arteros de las fuerzas marxistas, pero en general de las fuerzas del mal humano, viniera de donde viniera… Él era, sin duda, hasta desde una lógica mundana, el perfecto chivo expiatorio y el ícono perfecto para destruir ideologías reaccionarias y oposicionistas, sea cual fuere su tinte. Juan Pablo estaba cobrando una dimensión descomunal de líder (católico) para una inmensa, creciente y mundial cantidad de seres humanos. Desde todos los flancos humanos e ideológicos, pero sobre todo desde la lógica del espíritu de Cristo y de María (tan suyo), él estaba disponible para ¡LA CRUZ!… Esto es lo que primó absolutamente de su parte; con una valentía propia de un Jesús mismo, asumió sin cálculo ni resquemor alguno su misión de Redentor de la Humanidad de fines de siglo (XX), ya esclavizada a un Guerra Fría que estaba a punto de detonar como apocalipsis nuclear. Juan Pablo quería, ante todo, liberar al Mundo de la amenaza totalitaria y antiespiritualista del comunismo y del marxismo, y en pro de avanzar en ello desde su privilegiada posición y condición no temía arriesgar o perder su vida, de ser necesario. Si yo mismo le pudiese haber advertido unos meses antes: ¡El 13 de Mayo de 1981 lo van a asesinar en la Plaza de San Pedro!, estoy cierto de que no me hubiese respondido: “¡No creo!”, sino: “¡Así sea!”…

Segundo, el Mundo como colectividad de seres y almas se acercaba ya a una encrucijada final: ¡1984… era la fecha del Armagedón en los Archivos del Tiempo!… La Tercera Guerra Mundial estaba casi lista para los poderes fácticos de este Mundo. Los Señores del Proyecto Tierra obtuvieron la autorización y dispusieron este plan de último minuto para rescatar a la Tierra de la conflagración final. Juan Pablo estaba también dispuesto para ello desde antes de su nacimiento. El precio del rescate de redención de la Humanidad era actualizar el rescate de redención que Jesús mismo había ya instaurado y facilitado hacía casi 2000 años, al ser asesinado en la Cruz de Jerusalem. Si Juan Pablo no hubiese aceptado y sufrido el “asesinato” de San Pedro, el planeta actual ya no sería apto para la vida… De hecho, Juan Pablo reconoció, asumió e hizo públicos, después de este dramático trance, la sobrecogedora trascendencia y el milagro que le había sido asignado experimentar y cumplir.

Tercero, Juan Pablo II fue el catalizador, el detonante religioso y político que activó el proceso de retroceso del comunismo, primero en Polonia, su tierra natal, a través del poderoso movimiento sindical de Solidaridad, liderado por su amigo Lech Walesa, y que el Papa mismo alentaba activamente.[2] Luego, como una reacción en cadena, por toda Europa (especialmente en el inolvidable año 1989). El atentado sólo fortaleció esta dirección y movimiento planetario, político y social hacia la caída del comunismo occidental –y hoy también global, engullido por la economía capitalista–. La aniquilación del comunismo, después del intento de asesinato de Juan Pablo, se precipitó como ninguna guerra en la Historia de la Humanidad había sido ganada, como ningún Imperio había caído: sin disparar ni un tiro, sin derramamiento de sangre, en unos pocos meses, y hasta sin oposición ostensible… Cuando hacía sólo unos meses, unos días antes se amenazaban dos poderes planetarios que tenían todas las condiciones para despedazarse mutuamente y despedazar el Mundo… ¡Esto por sí solo es un milagro!

Desde entonces hasta hoy se ha cumplido, sin duda, el final de la segunda profecía de Fátima: “El Santo Padre me consagrará la Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.” Pero hoy, ¡nuevamente hoy!, pareciera haber regresado el Mundo al mismo espíritu infernal del pasado… El Planeta enfrentado a una nueva Guerra Fría, todavía más terrible y global que la anterior… ¿Dónde está hoy un Juan Pablo II?… ¿Se han concitado hoy para un nuevo plan salvador los Señores del Proyecto Tierra?… ¿Qué aliento espiritual poderoso anima hoy colectivamente a la Humanidad?… ¿Dónde podremos recibir hoy una cuarta profecía de la Virgen?… ¿Existen hoy siquiera la Virgen y Jesús?… ¿Por qué tanto ominoso silencio?… ¿El AMOR es más fuerte?… Y si no…¿QUÉ?…

Cuarto, la civilización humana actual no conoce ni está en condiciones de conocer en profundidad lo que está ocurriendo verdaderamente en nuestro planeta. No puede conocer las verdaderas causas de lo que acontece, e incluso de lo que la Humanidad cree que realiza por sí misma. No puede conocer hacia dónde ocurre lo que ocurre, ni sus reales consecuencias. No puede conocer QUIÉNES (y QUÉ) están por detrás y por encima de todo lo que acontece en la Tierra. TODO nuestro saber, científico, tecnológico, religioso, histórico, cultural, antropológico es extremadamente primitivo. TODAS nuestras capacidades perceptivas y cognitivas (sico-biológicas) como especie son dolorosamente insuficientes.

¿QUÉ?…

Hoy, como antes, si tengo que hablar, hablaré; si tengo que callar, callaré… Pero TODO, lo mío, lo suyo, lo otro, acontecerá dentro de poco, dentro de muy poco…

 

 

 

[1] Primer secreto: “Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Hundidos en este fuego [estaban] los demonios y almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejantes al caer de las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaba y hacía temblar de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión duró un momento, y gracias a nuestra buena Madre del Cielo, que antes (en la primera aparición) nos había prevenido con la promesa de llevarnos para el cielo. Si así no fuese, creo que habríamos muerto de susto y pavor.”

Segundo secreto: “En seguida levantamos los ojos hacia nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza: «Visteis el infierno, para donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que les da Dios de que él va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y a la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atendieran a mis pedidos, la Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas, por fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará la Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz».

Tercer secreto (revelado por el mismo J.P. II, el 26 de junio del 2000): “Escribo, en acto de obediencia a ti mi Dios, que me mandas por medio de su excelencia reverendísima el señor obispo de Leiria y de vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Al centellear despedía llamas que parecía iban a incendiar el mundo. Pero, se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro. El ángel, apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte decía: «Penitencia, penitencia, penitencia».

Y vimos en una luz inmensa, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en el espejo, cuando delante pasó un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, encima de la cual estaba una gran cruz, de tronco tosco, como si fuera de alcornoque como la corteza. El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, media en ruinas y medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares. Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios.”

[2] “Curiosamente, el Pontífice sufrió otro atentado en 1982, también el 13 de mayo, en la plaza de Fátima. Esta vez un sacerdote ultraconservador quiso acuchillarlo. Ese ataque casi pasó inadvertido para el mundo, menos para Lucía, quien ya había advertido a Su Santidad de la posibilidad de morir martirizado.” (http://www.prensalibre.com/hemeroteca/fatima-un-signo-en-la-vida-de-juan-pablo-ii)

Anuncios

PUDO SER

17 Sep

pudo-ser

 

Hay personas en nuestras vidas, cuyo carácter más sobresaliente es “pudo ser”… Fueron personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, pero sobre todo y siempre, “pudo ser”… Personas encantadoras que hicimos nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros ideales, nuestros maestros, nuestros confidentes, nuestros deseos y aspiración de felicidad. Esas personas maravillosas que nos enamoraron y hechizaron con sus extraordinarias cualidades; esas personas deliciosas que nos hacían gozar la vida y activar lo mejor de nosotros, hasta que un día, después de sucesivos, resistidos y penosos desengaños, inconsecuencias, insatisfacciones, errores, defectos, desencuentros y tantas cosas más, acabábamos reconociendo… “¡No es, pero pudo ser!”

Fueron y son esas personas que parecían poseerlo todo, que de hecho lo tenían todo para hacernos felices; que a cada momento nos hacían sentir con intensidad extrema que estaban a punto de darnos el paraíso, pero que, sin embargo, nunca acababan realizándolo; y, al final, después de que nosotros habíamos puesto tanto sentimiento, exaltación, gratitud, expectación y entrega, nos concedían nada más que un portazo en la cara. Entonces llorábamos a escondidas, a veces nos quejábamos abiertamente, a veces reclamábamos: ¡Egoísta, acaba alguna vez de darme lo que me estás ofreciendo!… Y exigíamos, por tanto, aquello tan obvio y justo que nos daban sin darnos.

Hoy, después de tantos ilusos y frustrados “pudo ser”, reconozco que exigirle a otro ser humano que nos regale la dicha que nosotros necesitamos y sentimos que viene de ese otro ser, es una condición encubiertamente egoísta y perversa. Si experimentamos personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, y más, debemos disfrutar sus maravillosas cualidades sin exigirles nunca nada más, nunca que “completen nada”, nunca que nos den nada, aunque nos lo quieran ofrecer… Sólo debemos amar, valorar y desear lo que las personas puramente son, y jamás lo que siempre están a punto de llegar a ser. Nunca debemos estar con alguien por lo que puede llegar a ser, sino sólo por lo que de hecho ya es…  Amemos, valoremos, deseemos sólo lo que las personas de hecho nos dan, incluso también con todos sus defectos, espejismos e incompletudes –si libremente así lo queremos, pues también podemos sin culpa rechazarlas–, porque la felicidad completa en este mundo, que unifica lo real y lo posible, lograda gracias a otro ser humano, nunca es real ni verdadera, sino siempre sólo un “pudo ser”…

PARA SALIR DE LA IGNORANCIA

14 Jul

escalera-de-piedras

Viviendo en el seno de la ignorancia y considerándose inteligentes y esclarecidos, los ignorantes giran incansablemente en redondo, trastabillando por caminos torcidos, semejantes a ciegos conducidos por ciegos.” Katha Upanishad, 1-II-5

¿Quién de nosotros podría reputarse no representado por esta terrible verdad? El que diga: yo… será por cierto el rey de los ciegos. Y sin embargo, el que acepte encontrarse en la condición de ignorante, estará, por su parte, reconociendo probablemente, no más, que experimenta la sumisa esclavitud de la ceguera… Yo al menos no hablo aquí como un iluminado; si lo fuese, no por humildad lo negaría, mas hablo como uno que va y viene dentro y fuera de la ignorancia. Ahora que todos mis vellos comienzan a encanecer o a desprenderse de mi cuerpo, reconozco en mi propio dilatado deambular por la existencia cuán peligroso y difícil es validar la verdad propia y el propio mérito. Cuán incierto y complicado es creer y al mismo tiempo dudar de lo que se cree. Sin embargo, en eso estoy (viviendo) dentro de mi propia condición de ciego atormentado y apacible… No siendo suficiente para callar, pero tampoco suficiente para vocear en las plazas.

Y ¿qué me mueve, entonces, para levantar mi voz en la penumbra?… La evidencia de que las grandes verdades históricas, los grandes ideales declarados, las conmovedoras enseñanzas de todos los grandes maestros, las penosas o placenteras prácticas y escuelas de sabiduría –con todo lo positivo que han logrado– no han sido suficientes ni tan eficaces como para facilitar, a los que buscan salir de la ceguera y del girar en torno a la propia cola, el producir certeramente en la mayoría de los buscadores la trascendencia y la transfiguración de sí mismos, el tránsito hacia la recta Verdad y la inmersión en la Realidad Una. Es necesario, en cambio, –lo expondré en todo lugar y en adelante—una experiencia más pequeña y minuciosa, menos ostentosamente espiritual o sabia, pero más eficaz y transformadora de toda ceguera e ignorancia humanas…

Pero, ¿a quiénes me dirigiré?… ¿A aquellos que escuchándome no comprenderán nada, o me desprecien por una u otra razón, o que, sumidos en un mundo de imágenes mentales proyectadas al exterior –el “mundo de hoy”–, no exista en su propia convicción y realidad ni la más pequeña resquebrajadura? Yo no estoy para ellos… Otros más violentos, o más pacíficos que yo, se encargarán de minarlos, de roerlos, de maltratarlos y hacerlos sufrir para que algún día aparezca en ellos suficiente angustia, y comiencen a dudar, al principio, simplemente a dudar, profundamente…

¿Me dirigiré, entonces, a aquellos que toman los escritos, escuchan y asienten a las sabias palabras, o al menos se cuestionan seriamente, pero que al terminar con el último punto giran la cabeza hacia otro lado, donde puedan escuchar todavía más sabias y transformadoras palabras, o acudir a prácticas “transformadoras”?… ¿Y a aquellos que dicen amén, u om, o wuahe guru, o namaste, o tantas otras bellas palabras con las que también se asentirá a las mías, sin que ni unas ni otras los despierte como un cataclismo de Luz?… ¿Si lo que yo he vivido es como un cataclismo de luz y tinieblas?

¿Acaso el jilguero dejará de trinar al alba porque nadie lo escucha? Lo que creó la soledad y la ignorancia es lo mismo que creó lo Uno…

Y al fin yo tenderé una escala, un puente, una interfaz entre lo inmenso y lo pequeño, el Ideal y la cotidianeidad, el espíritu y la mente, la enseñanza y el cambio, la verdad y la mentira, la ceguera y la luz, el mañana, el pasado y el hoy. Sólo una pequeña escala, modesta, ni grande ni pequeña, sólo práctica, funcional, recta y real… Si miento, engaño o alucino, seré yo el primero que verán caer al romperse la escala.

Quizás escriba para los que caminan pasito a pasito, como los niños vacilantes y decididos, que un día tras otro hacen el esfuerzo honesto de levantar de a poco un pie para subir un peldaño, y dejar al mismo tiempo otro peldaño abajo…

Volveré…

EL YO

29 Jun

Van_Gogh_-_Starry_NightSon tantos y tan innumerables los caminos de la realidad… Ya sólo los universos humanos son infinitos, a veces unos tan lejos de los otros que no podrían alcanzarse en el rango de una sola creación, y aun así se conectan todos en una sola identidad delicadamente en otros planos, planos del alma o de energías y soplos de realidad que los humanos dentro de sus torpes encierros sensoriales o de conciencia, y de sus mecanismos genéticos activados, apenas alcanzan a distorsionar en creencias religiosas, saberes científicos, o fantasías intuitivas.

Y esta conciencia humilde que en medio de la inmensidad insondable repite una y otra vez yo, yo, yo, yo… mientras existe en este minúsculo cuerpo biológico, a cada segundo, humildemente porque no tiene más voz que una en cualquier lugar del infinito y la eternidad de otras formas que repiten más y mejor que uno mismo (yo), lo otro, también lo yo, pero sobre todo lo no-yo.

Esta conciencia modesta y mínima se atreve al mismo tiempo, en una paradoja aún inabarcable, a soñar con la realidad más allá de sus propios límites (míos y suyos); se atreve a decirle: “Yo te voy a alcanzar (REALIDAD) –aunque seas el mismísimo Dios, o la Eternidad y el Infinito, el Mal, o incluso lo Absurdo e Imposible–, pero desde mí, sin renunciar jamás a mi yo, a mi conciencia, a mi identidad, a mi mónada o lo que fuere, porque he decidido contenerte, aprehenderte, unificarte, y tú graciosamente me permites decidir esto, y realizarlo en tanto existo yo…”

Por ese absurdo poder concedido a este yo insignificante como caca al borde de un camino, sin embargo exclamo, decreto: yo no muero, yo soy inmortal, por más que mi cuerpo biológico se desintegre justo al lado de la caca del camino. Y entonces trasciendo con el pensamiento, con la energía sutil de mi alma sentiente, con mi YO, el instante, el tiempo de vida que ninguna célula de mi cuerpo tendría la insensatez de querer apropiarse más allá de su propio tiempo de vida, y acabar negando con una demostración ficticia que sólo los académicos materialistas demuestran en sus laboratorios y cátedras de ensueños temporales para tratar de retenernos inconcientemente en la caca.

Son tantos y tan infinitos los caminos de la realidad, que mi yo asume desde este misma instante la necesidad y el compromiso de transmutar, de transformarse a cada instante, abierto, como una ventana se abre al sol y al viento, después de la asfixiante tiniebla que cegó toda abertura con la muerte de un ser querido… Y al abrirse entrará el sol, el viento, la mariposa y la luna, lo que tú esperas y necesitas, lo que tú sabes que entrará, pero también tu propio futuro, tu desconocimiento de lo que aún no es, las posibilidades sin límites, llámese eso con nombres desconocidos, o te saque de todo universo reconocible y familiar, como pueden serlo incluso las estrellas y la vida misma, cuando dejan de existir… Y aun allí estará tu yo.

Simple Satori

3 Jun

plantas_solNo vivas preocupado de si el sol quemará tus plantas, o si la lluvia las dañará. Mejor pon atención al sol, como brilla, y a la lluvia, cuando cae. Si dejas ir hacia las cosas tu mente, podrás llegar a experimentar que el sol, la lluvia, tus plantas y tú son una sola realidad unificada, sin rupturas ni entre ellas ni en tu mente. Habrás alcanzado la iluminación, bienaventurado. Entonces comprenderás que todas las felicidades humanas son sólo débiles fogonazos de mentes delirantes. Sentirás compasión, pero no pena. Y finalmente comenzarás a actuar con los demás, de la misma manera que el sol y la lluvia y las plantas se mostraron para ti.

APOCALIPSIS

7 May

FILIPINAS-CAMBIO-CLIMÁTICO

Por primera vez desde que registramos el dióxido de carbono en la atmósfera mundial, la concentración mensual de este gas de efecto invernadero superó las 400 partes por millón (ppm) en marzo de 2015″, informó la Agencia estadounidense Oceánica y Atmosférica (NOAA).”1

Por primera vez en mi vida he perdido el pudor, el temor, la delicadeza de no profetizar abiertamente los desastres que (casi) inevitablemente veía venir. Sabía, desde hace unas cuatro décadas, que anunciar desastres y calamidades provocadas por el mismo ser humano sería como arar en el mar o llamar en el desierto, si no podía demostrarlos con hechos. Además, un sentimiento natural y espontáneo de desdén, de incredulidad, de molestia ante una aparente infundada negatividad y pesimismo culpable se hacía sentir alrededor de cada vidente y de cada profecía calamitosa para el mundo y la humanidad. Se ha rechazado sistemáticamente cada profecía, cada advertencia, cada señal.

Ya no me importa esa respuesta y actitud obtusa y reaccionaria de parte de la gente, de la opinión pública, de académicos ni de las autoridades. No se puede, al fin, tratar de tapar el sol con un dedo. Ya es un hecho, como vemos en innumerables señales, que llegó la hora, y aun esto es un mero anticipo… Habrán muchísimos, sin duda la mayoría de los humanos, que sigan negando la evidencia de que entramos en una fase final, en una fase de desencadenamiento de los desastres planetarios advertidos; y eso es parte del desastre mismo, probablemente el mayor de los desastres planetarios: la ceguera humana, la contumacia humana, la ofuscación alucinatoria del ser humano de negar la realidad misma, incluso en el momento mismo de morir, negando que se está muriendo, y negando que, al mismo tiempo, se está matando…

Ya no me importa reconocer que no soy de este mundo y que tengo capacidades y conocimientos que la mayoría de los seres humanos desconoce. Nunca he querido hacer uso de este expediente con el que las multitudes históricamente han endiosado la verdad simple y humilde, y han antepuesto la adoración de la persona superior por sobre la humilde y esforzada experiencia de la trascendencia. Ya no me importa que no me crean nada o que me crean un loco, un incomprensible o un extraterrestre… Es más, ya no importo nada, porque la bola de nieve ya inició el descenso del presente por el flanco de la montaña del futuro. Mis palabras no valen más que el canto del ruiseñor antes de morir. Sus consecuencias ya no pueden jugarme en contra, ni volverse en contra de la verdad que declaran. Sus consecuencias son las causas de mis propias palabras… Mis palabras no son palabras, son en realidad desastres sostenidos, repetidos y en aumento. Terremotos, maremotos, inundaciones, erupciones volcánicas, epidemias, descontrol, desarmonía, desequilibrio global, condiciones insostenibles para la vida humana, provocadas por el ser humano sobre la naturaleza y provocadas por la naturaleza sobre el ser humano; pero, sobre todo, provocadas por el ser humano sobre el mismo ser humano.

Mi único propósito, con este discurso póstumo, es lograr que seamos un poco más concientes en esta nueva fase del desastre final, y que asumamos un trabajo personal concordante con los tiempos ominosos que están entrando; ya se acabó el tiempo de la esperanza, de las opciones libres, de la lucha por el cambio, de la conciencia colectiva, del llamado persuasivo a las autoridades y a la gente con poder. Es la hora de padecer

Sin embargo, humanidad condenada, al final del túnel se encuentra la luz… Pero antes del advenimiento de la luz supraplanetaria, tenemos que experimentar la etapa de la oscuridad de nuestro propio mal.

Valor, conciencia, solidaridad.

———————————————-

1. Vid. http://www.emol.com/noticias/tecnologia/2015/05/06/715718/alertan-que-la-concentracion-de-dioxido-de-carbono-alcanzo-un-nuevo-record-mundial.html

QUÉ ENTIENDO POR AMOR EN PAREJA

27 Dic

 pareja-cogiendose-la-mano

1. ¿QUÉ ENTIENDO POR AMOR EN PAREJA?

El amor es sin duda el sentimiento que más nos diferencia e identifica como especie humana. Quizás los delfines sean la especie animal que más se nos acerca en la relevancia que este sentimiento posee en ellos y para ellos, sin embargo el amor humano es mucho más complejo que el suyo.
Muchos podrían cuestionar esta afirmación inicial, y ello es razonable, pues en la realidad cotidiana prevalecen innumerables otros sentimientos y sentidos para los actos y estados humanos, que someten, subordinan, deforman y hasta hacen desaparecer la presencia de este sublime sentimiento. Sin embargo, mi premisa (“el amor es sin duda el sentimiento que más nos diferencia e identifica como especie humana”) posee un carácter esencialista, idealista y trascendental. Con esto quiero decir que entiendo no un amor que aparece a cualquier observación o evidencia en el actuar humano y que igualmente muchas veces calificamos de amor, sino a una condición más subyacente, más estructural e inconciente, más profunda, pero también más satisfactoria e integradora de todos los niveles de realización de lo humano. Si uno se queda en el reconocimiento de este sentimiento desde una perspectiva más formal, más externa, más social, o de cualquier otro modo menos intimista, todo análisis, toda perspectiva e intento de conclusión estarán condenados a mantenerse en un terreno de ambigüedad, de indefinición, de relatividad, de convencionalismo sicológico, social o cultural. Unos dirán que el amor es esto, y otros, que es esto otro; unos dirán que el amor de pareja debe ser heterosexual, otros que no debe restringirse a la orientación sexual; unos dirán que debe realizarse entre mayores de edad, otros que no depende de la edad; unos dirán que es para procrear, otros, que tiene otros fines; unos dirán que el amor debe ser desinteresado, otros, que debe cumplir ciertas condiciones; etc.

1.1. EL PRIMER PRINCIPIO

Nuestra tesis sostiene que existe un amor universal para todo humano y que se encuentra en la cima y en la base de toda relación de pareja; es decir, algo así como un arquetipo ideal que debe adecuarse a innumerables manifestaciones y formas concretas, personales y socio-culturales, pero que nunca debe dejar de estar en el centro mismo de toda relación de pareja posible. En este texto no discutiré la validez de esta afirmación, sino que dejaré que su propia consistencia vaya apareciendo desde el análisis de su manifestación en la pareja humana.
Un amor de tipo esencial, ideal, arquetípico no es difícil de entender. Un amor semejante a la Idea metafísica del Amor de Platón es incluso muy atractivo y razonable, pero no es tan fácil de reconocer en la existencia, en su realidad dentro de la experiencia cotidiana del amor. En la realidad del día a día de las parejas humanas el amor aparece como un sentimiento tan imperfecto, tan mezclado con otros, tan común, egoísta y sicológico como cualquier otro, sin ninguna condición sobresaliente, mágica, divina ni espiritual, salvo en circunstancias especiales y poco frecuentes, como podría representar el enamoramiento, o en estados modificados de conciencia. Con todo lo atractivo y maravilloso que puede ser el enamoramiento consideramos que no representa más que una prolongación o hasta una proyección del amor ideal y sublime en la dimensión sensible, sicológica y hasta física y biológica de la persona, que puede o no arraigarse en el amor esencial para existir y manifestarse con su enorme fuerza amorosa. Es decir, el enamoramiento puede encubrir o arraigarse en una mera pasión sico-biológica, o bien sustentarse en un amor ideal y trascendental que se mantendrá inalterado aunque pase el enamoramiento y la pasión. Una primera y evidente diferencia entre el enamoramiento y el amor esencial de pareja se establece en que todo enamoramiento se experimenta en la subjetividad personal y en el individuo mismo, en cambio el amor trascendental se experimenta en y desde la relación de la pareja, en una sintonía y concordancia entre dos.
En este texto no pretendo convencer a nadie que no crea en la realidad de este tipo de amor esencial, sino intento ayudar a comprenderlo y desarrollarlo en quienes ya es una evidencia, una intuición o una simple aspiración y propósito.
Si pudiese resumir cuál entiendo como el problema de fondo entre estas diferentes categorías de amor, entre estas diferentes experiencias de amor, diría que se trata de la compleja y desordenada relación natural entre este amor trascendental y toda forma de amor sensible y cotidiano. Considero que en la medida que nos hagamos concientes de ambos, de cómo funcionan, de cómo se relacionan, podremos desarrollar al máximo el potencial de cada forma de amor, y, al mismo tiempo, de dirigir un proceso intencionado desde el amor que signifique la transformación integral y superior del ser humano tan larga e históricamente anhelada. Hacerse concientes de todo esto, algo que en realidad es bastante simple de entender, puede significar los mayores beneficios para la relación de pareja humana, en la medida que se asuman adecuadamente sus consecuencias.
El primer principio que parece sustentar al amor trascendental y espiritual parece ser la valoración y el intento de producir un beneficio en todo ser, incluido el sí mismo. El amor trascendental pareciera ser un mandato esencial –muchos dirían divino– de facilitar el ser, todo ser sin exclusión –incluso de aquello que valoramos como el mal–, y su devenir, que incluiría el universo inanimado y total (como el ser de una galaxia o de un hoyo negro), tanto como el animado y biológico (como una célula o un musgo). Es decir, facilitar que el ser se transforme como autoafirmación de lo que es y existe, así como también el movimiento del amor facilite la realización y cumplimiento del ser. Esto que puede parecer abstruso y teórico es al mismo tiempo muy simple, pues se manifiesta en lo más complejo y abstracto tanto como en lo más elemental e insignificante. Cuando una mujer besa la mejilla de su bebé realiza el movimiento del ser que busca su realización en el ser de la madre y en el de su hijo juntamente, a través de este principio de amor sustantivo tanto como activo. En otras palabras, a la madre le “hace bien” besar a su hijo, así como al hijo le “hace bien” ser besado por la madre. Sin embargo, debemos reconocer que existen innumerables maneras y calidades de besar al hijo, por lo que este principio, en sí mismo completamente simple, se manifiesta en la realidad y en el comportamiento individual y particular tremendamente complicado y hasta confuso. Por ello, podríamos utilizar un lenguaje platónico y afirmar con cautela y restricción que toda manifestación del amor arquetípico dentro de nuestra dimensión natural en alguna medida es una degradación de ese amor espiritual y, por lo tanto, en alguna medida también una manifestación de “anti-amor”. Nuestra propuesta en cambio quiere sostener que ambas son manifestaciones de amor, sólo que realizadas de una manera dinámica e interdependiente, particular y exclusivamente en el rango de realidad natural en que existimos como seres humanos, en el cual la realidad siempre es relativa y referencial a circunstancias particulares y también subjetivas, en la medida que se hace parte un ser humano. Es decir, todo acto humano, toda forma humana la podemos valorar de una manera si la evaluamos en relación con el amor trascendental y arquetípico, o bien respecto de las innumerables perspectivas que se generan desde la subjetividad y las circunstancias consideradas en la apreciación de una persona en particular, que, a mayor abundancia, es única e irrepetible en el universo.
¿Cómo relacionamos todo esto con el amor de pareja? Primero, debemos aceptar que el referente necesario, como una suerte de palanca existencial y moral, es el amor espiritual que se manifiesta en lo esencial, tanto como sustantivamente en todo lo inmediato, en tanto lo inmediato como existencia es siempre generado o infundido por el ser o transrealidad. Esto tiene por consecuencia que todo amor de pareja se define primero y ante todo por la necesidad de ser el uno para el otro, por el bien del otro y por el bien de sí mismo. Este principio que está siempre presente en toda verdadera relación de pareja, sin embargo se degrada en innumerables tensiones y desviaciones generadas por el yo individual y sus circunstancias, las que primero que todo no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que deben ser valoradas en función de sus relaciones, y cómo el yo del observador las experimenta y valora, si bien siempre con una especie de telón de fondo espiritual que le confiere su connotación ideal y su “tono” trascendental y universal. Estas dos coordenadas permanentemente tensionan y desafían a cada persona en pareja y a cada pareja en relación. ¿Cómo coordinarlas en el plano de la experiencia si apuntan a direcciones diferentes, a dimensiones distintas pero simultáneas de realidad? El ser humano en tanto ser libre ejerce su libertad a cada instante de existencia; debe decidir la realidad completa a cada instante, aunque no se percate de que está realizando este acto a cada instante. En general validamos y decidimos la misma realidad de un instante a otro. Nadie de un segundo a otro, por ejemplo, decide negar que el universo es un inmenso espacio que contiene a nuestro planeta; sólo lo vuelve a aceptar así segundo tras segundo. Esto mismo ocurre en general en nuestras relaciones humanas; el padre no duda ni decide optar querer o no a su hijo a cada rato o a cada instante, pero sí puede dudar y elegir muchas veces en un día entre reprender de una manera o de otra a su hijo. Las relaciones de pareja también están desafiando permanentemente a cada uno de los amantes a decidir una cosa u otra. Esto equivale a decir que cada persona dentro de una relación de pareja decide o debiera decidir a cada momento cuál es el bien que aspira para el otro y para sí en lo inmediato, pero también en vista de un propósito trascendental y permanente que consiste en la realización o actualización, en este plano material, de un nivel de la realidad (superior) que pareciera querer invadir y transformar nuestra realidad natural con su virtualidad trascendental, que se hace primero manifiesta a nuestra conciencia, a nuestra mente y siquismo, y desde éstos hacia la realidad física y natural.
Concebidas así las cosas, estimamos que es muy difícil establecer si una decisión es mejor o peor que otra en una relación de pareja, como si quisiésemos determinar si es mejor regalar flores que ropa en determinada pareja, o besar en la frente que en la mejilla, o incluso terminar una relación que seguirla sosteniendo. En general, dada la fluidez y dinamismo de la realidad múltiple, las decisiones libres conducen a cambios que ofrecen nuevas oportunidades constructivas, aunque el efecto inmediato pueda percibirse como dañino o errado en algún sentido. Esto es semejante al impacto de una piedra que rompe la superficie del agua, si bien el agua pronto vuelve a su orden superior y recupera su postura-superficie esencial y natural –la piedra no puede destruir la naturaleza y el orden superior que hace existir y gobierna la superficie del agua como tal–. Si aceptamos un amor trascendental, un ser superior, un orden y un plan espiritual que “produce” la realidad, entonces es inevitable reconocer que todo daño y todo mal no son más que manifestaciones encubiertas de un mismo movimiento hacia la trascendencia de lo inmediato.
En conclusión, considero que no hay reglas ni patrones de verdad ni de moral en las relaciones de pareja, sino que cada persona en pareja debe decidir con su mayor conciencia y lucidez del plan maestro de amor, cómo conciliarlo con la dinámica y condicionamiento de las circunstancias y particularidades de la persona amada y de la relación misma ajustada a su complejísima realidad entorno. Esto implica que cada persona debe poner un gran esfuerzo continuo en generar una manera de vivirse a sí mismo y a la pareja que no es natural y espontánea, ya que debe construirse desde la sabiduría de un amor que siempre busca el bien, pero que debe reconocerse haciendo en acto siempre “lo imperfecto” respecto del principio supremo. Amar, entonces, debe ser siempre una combinación en conciencia entre hacer siempre el bien para el otro, haciéndole el menor daño posible, tanto como hacerse el mayor bien posible a uno mismo, haciéndose el menor daño al mismo tiempo. Para lograr esto es necesario un aprendizaje difícil, un logro transformativo de nuestra limitada manera natural de amar, y por lo tanto de nuestras estructuras síquicas, mentales, sociales e incluso biológicas, que nos han facilitado el amor que practicamos a diario, pero que al mismo tiempo nos han impedido amar mejor.

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA