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PUDO SER

17 Sep

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Hay personas en nuestras vidas, cuyo carácter más sobresaliente es “pudo ser”… Fueron personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, pero sobre todo y siempre, “pudo ser”… Personas encantadoras que hicimos nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros ideales, nuestros maestros, nuestros confidentes, nuestros deseos y aspiración de felicidad. Esas personas maravillosas que nos enamoraron y hechizaron con sus extraordinarias cualidades; esas personas deliciosas que nos hacían gozar la vida y activar lo mejor de nosotros, hasta que un día, después de sucesivos, resistidos y penosos desengaños, inconsecuencias, insatisfacciones, errores, defectos, desencuentros y tantas cosas más, acabábamos reconociendo… “¡No es, pero pudo ser!”

Fueron y son esas personas que parecían poseerlo todo, que de hecho lo tenían todo para hacernos felices; que a cada momento nos hacían sentir con intensidad extrema que estaban a punto de darnos el paraíso, pero que, sin embargo, nunca acababan realizándolo; y, al final, después de que nosotros habíamos puesto tanto sentimiento, exaltación, gratitud, expectación y entrega, nos concedían nada más que un portazo en la cara. Entonces llorábamos a escondidas, a veces nos quejábamos abiertamente, a veces reclamábamos: ¡Egoísta, acaba alguna vez de darme lo que me estás ofreciendo!… Y exigíamos, por tanto, aquello tan obvio y justo que nos daban sin darnos.

Hoy, después de tantos ilusos y frustrados “pudo ser”, reconozco que exigirle a otro ser humano que nos regale la dicha que nosotros necesitamos y sentimos que viene de ese otro ser, es una condición encubiertamente egoísta y perversa. Si experimentamos personas bellas, inteligentes, sensibles, entretenidas, únicas, amorosas, creativas, cultas, y más, debemos disfrutar sus maravillosas cualidades sin exigirles nunca nada más, nunca que “completen nada”, nunca que nos den nada, aunque nos lo quieran ofrecer… Sólo debemos amar, valorar y desear lo que las personas puramente son, y jamás lo que siempre están a punto de llegar a ser. Nunca debemos estar con alguien por lo que puede llegar a ser, sino sólo por lo que de hecho ya es…  Amemos, valoremos, deseemos sólo lo que las personas de hecho nos dan, incluso también con todos sus defectos, espejismos e incompletudes –si libremente así lo queremos, pues también podemos sin culpa rechazarlas–, porque la felicidad completa en este mundo, que unifica lo real y lo posible, lograda gracias a otro ser humano, nunca es real ni verdadera, sino siempre sólo un “pudo ser”…

Simple Satori

3 Jun

plantas_solNo vivas preocupado de si el sol quemará tus plantas, o si la lluvia las dañará. Mejor pon atención al sol, como brilla, y a la lluvia, cuando cae. Si dejas ir hacia las cosas tu mente, podrás llegar a experimentar que el sol, la lluvia, tus plantas y tú son una sola realidad unificada, sin rupturas ni entre ellas ni en tu mente. Habrás alcanzado la iluminación, bienaventurado. Entonces comprenderás que todas las felicidades humanas son sólo débiles fogonazos de mentes delirantes. Sentirás compasión, pero no pena. Y finalmente comenzarás a actuar con los demás, de la misma manera que el sol y la lluvia y las plantas se mostraron para ti.

EMOCIONES

15 Ago

¿Con qué emoción podría emocionarme cuando me unifico con la infinita multiplicidad de seres de este universo? ¿La belleza podría contener esta sensación de asombro, de desbordamiento de ser ante tanta perfección, ante tanto fenómeno múltiple diferenciado y uno? Mi intelecto o mi conciencia pueden pensar y representarse todas las cosas como un estado de unificación de algo tan extremadamente disímil y único que acaba deshaciéndose a la distancia de un espejismo, y al fin sólo balbucean torpemente: T-O-D-O… ¿Cómo podría yo experimentar en mi pequeñez de cosa, de persona humana, la totalidad que no se acaba en ninguna frontera de mí? Yo me detengo un breve tiempo en mi yo y luego la infinitud continúa adelante más allá de mí, escalando el misterio que nos supera y nos contiene al mismo tiempo. Podría entristecerme o alegrarme ante la pequeñez de mis sentimientos, pero no es suficiente. Y aunque reúna todas mis emociones no soy capaz. Y aunque construya un templo del alma con las emociones más puras y sublimes acabo siempre abandonándolo todo; entonces salgo a mirar las estrellas y me acurruco una y otra vez en la inmensidad de la noche, hasta caer fulminado por el sueño que me devuelve a algún punto primitivo en la espiral.

¿Acaso en el amor mío sí podría experimentar la totalidad? Y aunque así fuese, la totalidad siempre excedería toda forma de amor. Y lo mismo la paz, la verdad, la vida. Ni siquiera Dios podría contenerse a sí mismo, termina siempre en el pasado herido por un costado, desangrándose en el vacío.

Tampoco yo puedo retenerme a mí mismo cuando avanzo paso a paso en esta realidad que excede toda emoción ofrecida, al unirme más y más a ella. Presiento entonces una nueva emoción, una emoción de mi espíritu que supera toda emoción. Ella por un instante gira sobre sí misma y me observa tan tenue como un rayo de luna que aun no se estrella contra la tierra. También yo soy el pedazo de roca contra el que chocan las llamas de los astros eternos. Esta vida mía que se reconoce siempre nueva para algo siempre nuevo. Yo, el hombre que dispone todas sus emociones para excederse a sí mismo. El tiempo se reúne conmigo como una montaña que crece continuamente, aunque sea yo tan pequeño como cualquier grano de nada. No me muevo, mas aun así avanzo en el vello sedoso de una oruga. ¿Qué será lo que siento?

LA ALEGRÍA DE VIVIR

2 Ago

¿Qué tienen en común la madre Teresa de Calcuta, Vivekananda, San Francisco de Asís y Jalaluddin Rumi?… La alegría de vivir.

¿Qué sostiene a tantas palabras sabias, iluminadas y amigas para el abandonado, el hambriento y herido?… ¿Qué sostiene los actos de más conmovedor sacrificio y generosidad con que los humanos nos han regalado?… La alegría del amor.

Día a día nos enfrentamos a la abrumadora experiencia de contemplar tantos rostros doloridos, apagados, sombríos, airados. Día a día nos levantamos para arrastrar montaña arriba una inmensa roca, la montaña del aburrimiento, del trabajo forzado, de la pérdida de la conciencia luminosa y libre de un recuerdo bajo las estrellas. Día tras día los extremos de nuestros labios se van contrayendo y desviando hacia abajo. Las manos que en la niñez se movían libres y todopoderosas para realizar nuestras fantasías, comienzan día tras día a envejecer y cansarse de ser manos.

Nuestra respuesta, nuestra delicada rebeldía debe consistir simplemente en la sonrisa… la profunda sonrisa de la alegría de vivir. La alegría como un chorro de luz, de energía y de amor que arranca y se crea desde todos los extremos del universo hacia nosotros. La alegría del corazón que no miente. La alegría que avanza y progresa junto con el tiempo inexorable y perfecto de todas las cosas.

Y aunque me puedas con justicia replicar que Jesús en la cruz debía gemir; y que las víctimas de la guerra despliegan a su alrededor el horror y el vacío de nuestra humana brutalidad; y que al fin de cuentas tantas sonrisas humanas carecen de alma… Aun así en todos ellos, hondamente, en su verdad más asombrosa y terrible, en el límite mismo de nuestra condición humana, la vida sonríe… hasta incomprensible y morbosa para nuestra sensibilidad precaria… la vida y la muerte abrazadas, sonríen.

Al despertar sonríe, y ya no dejes de sonreír, porque aunque tu día esté hecho de las más estúpidas, monótonas, intrascendentes, feas y gastadas palabras, actos, relaciones, personas, lugares y cosas, recuerda y siente que tú también eres la Vida; que todo, sin excepción, es la Vida… la vida divina, humana e infinitamente sonriente que también quiere estallar amorosamente en ti.

Tu espacio sagrado

2 Feb

lago bosque montaña

Todas las personas debiéramos tener un espacio sagrado, un espacio de intimidad, un espacio de libertad absoluta, un espacio irrenunciable, un espacio de autenticidad suprema y de completa honestidad y unión con la existencia en su más amplio y profundo sentido.

Puede parecer un estado de soledad, pero es un espacio lleno, lleno de seres, cosas, entidades, delicadezas, verdades que postergas cuando te relacionas a diario con tantas personas, con tantas emociones, con tantas entretenciones, con asuntos importantes y serios, incluso con tus seres amados.

Puede parecer un acto y dimensión egoístas. Lo es en cierto sentido, como cuando respiras para ti y no para los demás. Como cuando lloras y no ríes, o cuando no lloras como esperan los demás y ríes… Reconócete pequeño y humilde entonces ante los otros hermanos, en ese espacio pequeño tuyo, muy tuyo, en ese espacio casi invisible dentro de un universo infinito, en ese espacio que evita dañar a toda forma de existencia, pero que no puede evitar exclamar “yo”, para seguir viviendo…

En ese espacio tuyo, íntimo, serás el rey, serás el dios, serás la paz y el amor que el mundo nunca te podrá otorgar… Cuídalo, protégelo, no entres descuidadamente a él con los pies sucios. Antes de entrar, desnúdate, y no temas entrar así; deja que allí todo te experimente desnudo, tal como eres. Nunca te avergüences en este espacio de ser quien eres. Deja afuera todo lo inconciente de ti mismo y del universo… Si es necesario, entra cargando tu cruz, pero nunca en inconciencia.

En ese espacio tuyo, íntimo, transparente, tal vez te descubras a ti mismo y te pongas a llorar… Tal vez descubras toda tu miseria, tu estupidez, tus errores repetidos, en una palabra, tu inconciencia, y quieras huir de allí… Tal vez quieras huir de ti mismo… ¡Detente!… Si destruyes ese espacio sagrado jamás volverás a encontrar el perdón, el perdón que solo tú puedes concederte a ti mismo… Es verdad que la pureza es una jueza demasiado severa para nosotros imperfectos, acostumbrados a arrastrar una humanidad mezquina pero exitosa… Desde esa maravillosa altura sufrirás contemplándote a ti mismo; sufrirás más de lo que ningún sufrimiento experimentado en tu vida cotidiana te pueda hacer sufrir. Pero mira bien, si allí no hay puertas ni ventanas ni muros hacia tus propias posibilidades. Desde ese dolor también serás dios, y podrás transformar tu miseria como el universo transforma su propia miseria evolucionando… Para alcanzar una Felicidad que por ahora sólo dentro de tu espacio sagrado puedes anticipar y experimentar para ti y para todos tus hermanos humanos…

UNA NUEVA FELICIDAD

17 Nov

El-Patrimonio-de-la-Humanidad

Todas las personas que vienen a este mundo quieren ser felices.

Sin embargo, ¿cuántos de todos los seres humanos lo consiguen?… Ya desde niños la mayoría conoce intensamente la desgracia y el sufrimiento. Tanto es así que muchos niños lamentablemente dejan de buscar la felicidad como un propósito de sus vidas… Los padres nos esforzamos para que nuestros hijos sean felices. Pero, ¿cuántos padres no se preocupan de ello, o bien, intentándolo, no lo consiguen?… Muchos más de cuantos quisiéramos por cierto… ¿Las sociedades humanas, los representantes políticos, los líderes y grupos que detentan el poder actúan realmente en pro de la felicidad de quienes dependen de ellos?… La mayoría de las veces no, y no, aunque crean hacerlo, o incluso estén convencidos de que eso están tratando de hacer… Y es que vemos sus efectos y consecuencias sobre nosotros mismos… ¿Cuántos seres humanos pueden en este momento declarar honestamente que son felices?… Pocos sin duda… Pero, ¿qué es la felicidad?… Sigue leyendo

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA