PORTALES DE TRASCENDENCIA

30 Nov

porta-di-aramu-muruDespués de peregrinar decenas de años y –si me atengo a otros niveles de conciencia—hasta siglos y milenios, he venido a detenerme ante el portal de Aramu Muru y ante la magnífica mole del Cancana, que se plantan ante mí con la solemnidad e imperturbabilidad de la trascendencia. Cada persona que llega a estos lugares no como turista o buscador o visitante –sino que al seguir el hilo de la vida casi sin querer todo la atrae y la hace converger hasta estos ejes telúricos– debe reconocer y materializar un sentido propio, concordante con su propia historia y sus propios sentidos de transfiguración. Aun así, estos portales del Ser imponen una condición ineludible para todos y para cualquiera: superar el límite de la condición humana… Quienquiera que se plante allí y no esté listo para traspasar los límites de su mortalidad y de su esencia se encontrará con un muro de piedra inmóvil y rígido, como toda montaña, aunque invoque juntamente los poderes terrenos, infernales, mentales y celestes. Habrá incluso quienes deliren y sueñen convencidos de que han atravesado el portal, y que allí experimentaron estados de éxtasis, o viajes astrales, o interdimensionales, o extraterrestres, y que sus experiencias y revelaciones maravillosas sorprendan y convenzan a millones. Aun así, a Aramu Muru y a Cancana no les importa estos místicos ingenuos ni tampoco los malintencionados. Continuarán imperturbables… El que sabe, calla; el que no sabe, convence. Por lo mismo, antes de agotar mis últimas palabras quiero transmitir un mensaje de buena voluntad hacia aquellos caminantes, como yo, que están dispuestos a entregarse a las señales y a los llamados sutiles del sí mismo. Escasa es la forma de conciencia humana que puede sintonizarse antes de su plenitud con la energía del portal, pero existe ese hilo dorado… Se descubre cuando al descubrirlo uno mismo se abandona. (Al descubrirlo comprenderás lo que acabo de decir.)

REFEXIONES SOBRE LA VERDAD

5 Oct

Los seres humanos, como todos los seres vivos de este universo, se encuentran en un determinado y momentáneo estadio o nivel evolutivo. Eso significa, por ejemplo, que existe un nivel o estado superior, al que aún no se accede, pero también uno inferior, el cual ya se ha superado. Esto, que parece muy obvio, posee, sin embargo, una implicancia trascendental que evidentemente no se ha comprendido ni integrado a la experiencia e inteligencia humanas, histórica y masivamente.

Cuando observo y reflexiono sobre el comportamiento humano, en todas sus variadísimas facetas; cuando considero su experiencia y su manera de relacionarse con la realidad, especialmente cuando las personas creen haber alcanzado los mayores niveles de conocimiento, de verdad, de saber, de iluminación, espiritualidad y superioridad en el orden que sea, un doloroso pero también compasivo sentimiento me embarga. Veo científicos, canalizadores, maestros, contactados, académicos, personeros, representantes, figuras mediáticas, religiosos, que aducen ser portadores de una verdad sobresaliente, especial, nueva, superior, y que intentan transmitirla para, en último término, convencer en lo posible a toda la humanidad de su importantísimo conocimiento.

No dudo de la buena intención de la mayoría de ellos. No dudo tampoco que haya realmente una verdad en cada uno de ellos, y que sea altamente beneficiosa para una gran cantidad de gente. No quiero dar nombres, pues creo que todos los seres vivos, sin excepción, estamos sometidos a este orden evolutivo. La paradoja que primero se evidencia de este orden es que –simplificando mucho– la verdad de ayer ya no lo es hoy, y la verdad de mañana no es verdad tampoco hoy. Dicho de otra manera, ¿qué es la verdad de hoy, sino un estado maravilloso pero momentáneo, que se debate entre el intento de superar la verdad de ayer, y el penoso esfuerzo por alcanzar la verdad de mañana? Es verdad que el término hoy, el presente, representa una temporalidad muy relativa, pues en cronología humana puede representar desde el instante puntual y pasajero, hasta, en el otro extremo, toda una Era. El hoy, el presente, desde el punto de visto de la presencia de la verdad, quiere decir simple y solamente el rango de tiempo en que una verdad posee vigencia trascendental. Cuando hablo de verdad trascendental me estoy refiriendo a un estado de realidad en que el yo, el sujeto, el individuo se alinea con un estado de realidad continuo, integrado, y experimenta en su conciencia y mente un poderoso y sincrónico vínculo con todos los planos de realidad que alcanza a integrar en su campo de experiencia un ser humano. Es por ello que cuando una inteligencia humana, un entendimiento, una persona cree haber obtenido un conocimiento, una verdad –como decimos aquí–, lo que ha capturado ante todo es en realidad un espejismo, un estado de representación humana, un producto cognitivo que aunque posea algún grado de validez, rápida y mayormente se desliza hacia el no-ser, hacia la subjetividad mental y colectiva humanas, desajustada del flujo de los planos que trascienden la experiencia mental y que no cesan de modificarse ni un solo instante y sin pausa. La realidad se parece mucho más al flujo del río de Heráclito, en el cual no es posible bañarse dos veces como el mismo. Y por lo tanto la verdad es el río de Heráclito. La mente humana debiera moverse como un pez en este río, y no pretender fijar, clavar hitos como banderillas de verdad en medio del agua. Sería bueno creer esto y aquello, pensar que se sabe esto y aquello, pero sobre todo sería bueno tratar de dejar de creerlo y saberlo cuanto antes. Esto significaría que a cada momento nos estamos encontrando con más y más realidad. Una de las peores reacciones de la gente, de la mayoría de las personas, al saber ajeno, es tratar de reproducirlo, de aprendérselo, de apropiárselo, de colectivizarlo, de ritualizarlo, sobrevalorarlo y autorizarlo. La educación escolar y universitaria es un penoso espectáculo y experiencia de esto. Las culturas, los medios de comunicación, los roles sociales, los modos de ser y comportamientos sicológicos están saturados de esto. Ha llegado la hora de cambiar nuestra experiencia de la verdad, a partir de un cambio radical y fundacional de nuestra propia experiencia y modelo interno y humano. Debemos cambiar nuestros patrones y esquemas sicológicos individuales y colectivos tan profunda, pero también tan totalmente, que esta labor no se irá comprendiendo sino muy de a poco y a través de mucho tiempo, pero se hará… Ahora mismo no hablo tanto para el presente de la humanidad, sino ante todo para su futuro. Quien tenga oídos, que oiga.

Seguiremos intentando avanzar en esto, consecuentes con el movimiento de la verdad que viene del futuro y del pasado hacia nosotros.

SEAN PERFECTOS

15 Sep

“Sean perfectos, como su Padre Dios es perfecto”1 , se dice que Jesús enseñó a sus discípulos. Sea cierto o no que lo dijo, lo cierto es que contiene demasiada verdad. Lo primero que salta a la vista es la extrañeza de que se nos pida perfección a humanos que somos tan brutalmente imperfectos. Observando la Historia, nunca hemos estado colectiva o individualmente ni cerca de alcanzar este desafío, de modo que pienso que hay que entenderlo, en un primer nivel, como una propuesta ideal, finalista, programática, pero no realizable dentro de esta etapa evolutiva, en la que nos hemos demostrado bastante imperfectos y renuentes a la transformación progresiva y ascendente. Sin embargo, como el arquero pone la vista en su blanco lejano y ajusta todos sus movimientos en la dirección correcta y final, así deberíamos existir, sin pretender alcanzar la perfección como estado ideal mientras nos movemos en la existencia y en nosotros mismos, pero seguros de que cada movimiento correcto es un paso correcto hacia la postrera perfección final en Dios –si es que en realidad existe y podemos llegar a ella–.2

Así pues, surge el segundo sentido de la máxima crística, derivado del que acabamos de esbozar, a saber, que la perfección debe ser entendida y realizada sobre todo en la rectitud del acto presente, el cual a su vez, debe ser visualizado como una cadena que viene avanzando desde tiempos inmemoriales y continúa eslabón tras eslabón en cada acto recto hacia el futuro de perfección. Es como si la perfección final, última y divina le transmitiera a cada paso y momento correctos su virtud de contener la esencia de la perfección que está en su pequeño acto y grado presentes realizándola, facilitándola y haciéndola progresar –aunque incluso parezca o se esconda en su contrario: pura imperfección–. Cuando amo al pobre, podría decirse, estoy experimentando la perfección que Dios realizaría en el mismo momento y de la misma manera, si Él estuviera en mi propio minúsculo e imperfecto ser, lugar y presente. Es decir, ni Dios mismo sería más perfecto que yo si amo al pobre, de acuerdo a mi propia incompleta capacidad. No obstante, es seguro que mañana, en un año, en diez, cien y mil años yo pueda amar cada vez más perfectamente al pobre de acuerdo a mis propias capacidades en evolución y progresión hacia la perfección suprema de Dios. Sigue leyendo

TIEMPO ETERNO Y TIEMPO MORTAL

8 Sep

En el tiempo eterno no hay amor, en el tiempo eterno no hay odio,
en el tiempo eterno somos el chispazo instantáneo que muere una y otra vez para devenir eterno.
En el absoluto eterno nuestro joven universo dura un instante y desaparece para volver a nacer.
En el absoluto eterno una araña infinita va desplegando su tela conmigo y sin mí, contigo y sin ti.
En el amor eterno hay un tiempo para la construcción, en el odio eterno hay un tiempo para la destrucción,
el amor y el odio humanos duran un instante eterno,
reconoce tus emociones para el instante mortal,
reconoce tus emociones para lo eterno.
¿Cómo integrar la terrible dualidad y no experimentar la locura?
Sin oponer resistencia a lo inmediato ni a lo eterno.

EMOCIONES

15 Ago

¿Con qué emoción podría emocionarme cuando me unifico con la infinita multiplicidad de seres de este universo? ¿La belleza podría contener esta sensación de asombro, de desbordamiento de ser ante tanta perfección, ante tanto fenómeno múltiple diferenciado y uno? Mi intelecto o mi conciencia pueden pensar y representarse todas las cosas como un estado de unificación de algo tan extremadamente disímil y único que acaba deshaciéndose a la distancia de un espejismo, y al fin sólo balbucean torpemente: T-O-D-O… ¿Cómo podría yo experimentar en mi pequeñez de cosa, de persona humana, la totalidad que no se acaba en ninguna frontera de mí? Yo me detengo un breve tiempo en mi yo y luego la infinitud continúa adelante más allá de mí, escalando el misterio que nos supera y nos contiene al mismo tiempo. Podría entristecerme o alegrarme ante la pequeñez de mis sentimientos, pero no es suficiente. Y aunque reúna todas mis emociones no soy capaz. Y aunque construya un templo del alma con las emociones más puras y sublimes acabo siempre abandonándolo todo; entonces salgo a mirar las estrellas y me acurruco una y otra vez en la inmensidad de la noche, hasta caer fulminado por el sueño que me devuelve a algún punto primitivo en la espiral.

¿Acaso en el amor mío sí podría experimentar la totalidad? Y aunque así fuese, la totalidad siempre excedería toda forma de amor. Y lo mismo la paz, la verdad, la vida. Ni siquiera Dios podría contenerse a sí mismo, termina siempre en el pasado herido por un costado, desangrándose en el vacío.

Tampoco yo puedo retenerme a mí mismo cuando avanzo paso a paso en esta realidad que excede toda emoción ofrecida, al unirme más y más a ella. Presiento entonces una nueva emoción, una emoción de mi espíritu que supera toda emoción. Ella por un instante gira sobre sí misma y me observa tan tenue como un rayo de luna que aun no se estrella contra la tierra. También yo soy el pedazo de roca contra el que chocan las llamas de los astros eternos. Esta vida mía que se reconoce siempre nueva para algo siempre nuevo. Yo, el hombre que dispone todas sus emociones para excederse a sí mismo. El tiempo se reúne conmigo como una montaña que crece continuamente, aunque sea yo tan pequeño como cualquier grano de nada. No me muevo, mas aun así avanzo en el vello sedoso de una oruga. ¿Qué será lo que siento?

VIVIR EN TRES NIVELES

9 Ago

¿Cuántas veces en el día nos vemos enfrentados a situaciones difíciles, conflictivas, desafiantes, inquietantes, apremiantes y desestabilizadoras, al punto de que muchas veces, mientras estas mismas ocurren, y la mayoría de las veces, después que han pasado, nos hacen evidente que no las enfrentamos bien, que nosotros mismos no actuamos como debiéramos haberlo hecho, y, a fin de cuentas, que no resolvimos de la mejor manera, pudiendo haberlo hecho mucho mejor…? ¿Cuántas veces discutimos o actuamos mal con nuestra pareja, con nuestros hijos, con el vecino, con el vendedor, con el automovilista que nos desafía, con el amigo, el desconocido y también con el enemigo, pero sentimos en nuestro fuero interno que no debiéramos haber hablado ni actuado de esa manera?…

En esta ocasión quisiera compartir con ustedes algo simple, pero concreto y eficaz: una estrategia espiritual y sicológica que a mí siempre me ha dado buenos resultados. La mayoría de las veces cuando enfrentamos una situación de esta naturaleza, que nos desafía a nosotros mismos, que nos enrostra nuestra incapacidad de actualizar lo mejor de nosotros y, en cambio, nos lleva una y otra vez a enredarnos en nuestras propias recurrentes imperfecciones; cuando a la palabrota y a la ofensa respondemos con otra palabrota y con una “justa” ofensa de respuesta; cuando al golpe y al maltrato respondemos con rabia y con otro golpe; cuando a la injusticia y al autoritarismo bajamos simplemente la cabeza y nos sometemos sin más; cuando sacrificamos nuestra autenticidad en pro de cualquiera buena causa; cuando al error, a la crueldad, al maltrato de otros simplemente volvemos la cara hacia otro lado; cuando el arrepentido, el ser amado, la vida misma incluso te expresa: “Te amo”, o “Perdón”, y tú sólo callas y sigues adelante, como si nada… has hecho lo que hacemos todos los seres humanos sin conciencia suficiente: nos identificamos con el estado emocional del otro, con el error del otro, y experimentamos lo mismo que el otro; o peor, como cuando nos expresan “te quiero” y permanecemos indiferentes; o cuando a un empujón, respondemos con una cuchillada, entonces incluso nos ponemos por debajo del otro y por debajo de nosotros mismos; respondemos entonces con lo peor de nosotros.

¿¡Cuántas veces justificamos autocomplacientemente estos actos nuestros, estos sentimientos, nuestras ideas, nuestros hábitos, condicionamientos y debilidades, y nos encubrimos autoadjudicándonos la defensa de altos valores, como la verdad, como el amor, como la voluntad de Dios, como el derecho, la justicia, el honor, la educación y tantas cosas más!?… Lo que aquí quiero compartir, mi estrategia espiritual y sicológica no puede ser llevada a cabo por nadie que primero no reconozca honesta y verdaderamente sus propios mecanismos sicológicos evidentes, sus mecanismos sutiles, así como sus condicionamientos inconcientes, con los que encubre y valida sus propias debilidades, sus errores, su modo de ser y de actuar, para tratar de hacerlos parecer sus fortalezas, sus cualidades, sus aciertos y su mérito personal, o simplemente, su normalidad… ¡Tremendo trabajo personal, por cierto, que puede llevarnos más de una vida el lograrlo adecuadamente!

Sin embargo, mi estrategia posee una doble capacidad y virtud; con ella he logrado no sólo actuar y responder mejor a los desafíos grandes y pequeños de mis relaciones humanas y del día a día en general, sino también a los desafíos que mi propia ceguera interior me impone a mí mismo para superar mis propios autoengaños, defectos y pequeñeces.

Comparto, pues, mi modesta estrategia y experiencia: Pon siempre a tu conciencia y a tu mente en un tercer nivel, es decir, en el estado mental superior de ti mismo, cuando quieras actuar y ser de la mejor manera posible.

Diferénciate a ti misma. No eres una sola persona que tiene que mezclar siempre y necesariamente lo mejor de sí con lo peor de sí. Concíbete y experiméntate a ti misma como un ser en evolución, en transformación constante, como un ser compuesto de niveles, de potencialidades, de pasado, de presente y de futuro. Como un ser compuesto al menos en tres niveles diferenciados de realización individual… De ellos, el primer nivel, el que todo ser humano naturalmente quiere evitar, consiste en dejar ser, en identificar tu conciencia y tu estado de mente con lo peor de ti mismo… Pero, aunque la mayoría podemos separarnos de ese más bajo nivel de nosotros mismos con cierta facilidad, tampoco te dejes simplemente ser e identificarte con tu segundo nivel, que consiste en actuar como lo haces inadecuada y normalmente, o bien como el otro te anima a responder y actuar de acuerdo a su propio comportamiento imperfecto y confuso.

El tercer nivel, no obstante, te estarás preguntando: ¿qué es en mí?, y, ¿cómo alcanzarlo?… Podría exponértelo de innumerables maneras, mas te lo diré primero de una manera simple y gráfica: Es tu propio Jesús interno.

Jesús, su modo de ser, su expresión humana, simboliza y representa lo mejor de todos y cada uno de los seres humanos. Jesús es el modelo ideal de nosotros mismos en el futuro de la humanidad que busca su propia evolución y propósito, y en nuestro propio devenir individual hacia un tiempo perfecto que aún no llega, pero hacia el cual todos contribuimos, y también al que todos dificultamos, desde nuestro presente y actualidad… Si no quieres llamarlo tu Jesús, entonces simplemente considera cómo quisieras actuar tú mismo frente a cada dificultad, frente a cada problema, frente a cada desafío personal: ¿con generosidad, con tolerancia, con amplitud, con sabiduría, con equidad, con amor, con paciencia, con serenidad, con clarividencia, con intuición, con compromiso, con fe, con optimismo, con alegría, con energía, con inteligencia, con valor, con conciencia, etc., etc., etc.? Entonces júntalo todo en tu yo superior, en una representación ideal de ti mismo, en tu propio tercer nivel, como si fuese el tercer piso de tu casa, y vé allí cada vez que lo requieras. Ojalá pudieras residir permanentemente en tu yo superior, en tu conciencia y mente superiores, pero realistamente nadie te pide tanto; sólo tú podrías proponértelo a ti mismo como el desafío más personal, e intentar cumplirlo todo el tiempo. Por lo tanto, si vas a discutir, mira antes desde tu tercer nivel a ti mismo y con quien vas a discutir; si vas a resolver algo importante, mira antes desde tu tercer nivel la situación; si vas a hablarle a otra persona, mira antes desde tu tercer nivel a ti mismo y a esa persona; si alguien se acerca a ti, míralo de inmediato desde tu tercer nivel, y no del segundo o del primero, lo mismo si es alguien que te va a hacer daño, como si quiere manifestarte bondad… Si lo logras, si experimentas a todo ser humano y a toda experiencia de vida desde tu tercer nivel, entonces constarás que todo siempre sucederá como debe suceder, y tu alma descansará en la profunda paz humana-divina de la realidad.

LA ALEGRÍA DE VIVIR

2 Ago

¿Qué tienen en común la madre Teresa de Calcuta, Vivekananda, San Francisco de Asís y Jalaluddin Rumi?… La alegría de vivir.

¿Qué sostiene a tantas palabras sabias, iluminadas y amigas para el abandonado, el hambriento y herido?… ¿Qué sostiene los actos de más conmovedor sacrificio y generosidad con que los humanos nos han regalado?… La alegría del amor.

Día a día nos enfrentamos a la abrumadora experiencia de contemplar tantos rostros doloridos, apagados, sombríos, airados. Día a día nos levantamos para arrastrar montaña arriba una inmensa roca, la montaña del aburrimiento, del trabajo forzado, de la pérdida de la conciencia luminosa y libre de un recuerdo bajo las estrellas. Día tras día los extremos de nuestros labios se van contrayendo y desviando hacia abajo. Las manos que en la niñez se movían libres y todopoderosas para realizar nuestras fantasías, comienzan día tras día a envejecer y cansarse de ser manos.

Nuestra respuesta, nuestra delicada rebeldía debe consistir simplemente en la sonrisa… la profunda sonrisa de la alegría de vivir. La alegría como un chorro de luz, de energía y de amor que arranca y se crea desde todos los extremos del universo hacia nosotros. La alegría del corazón que no miente. La alegría que avanza y progresa junto con el tiempo inexorable y perfecto de todas las cosas.

Y aunque me puedas con justicia replicar que Jesús en la cruz debía gemir; y que las víctimas de la guerra despliegan a su alrededor el horror y el vacío de nuestra humana brutalidad; y que al fin de cuentas tantas sonrisas humanas carecen de alma… Aun así en todos ellos, hondamente, en su verdad más asombrosa y terrible, en el límite mismo de nuestra condición humana, la vida sonríe… hasta incomprensible y morbosa para nuestra sensibilidad precaria… la vida y la muerte abrazadas, sonríen.

Al despertar sonríe, y ya no dejes de sonreír, porque aunque tu día esté hecho de las más estúpidas, monótonas, intrascendentes, feas y gastadas palabras, actos, relaciones, personas, lugares y cosas, recuerda y siente que tú también eres la Vida; que todo, sin excepción, es la Vida… la vida divina, humana e infinitamente sonriente que también quiere estallar amorosamente en ti.

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA