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PARA SALIR DE LA IGNORANCIA

14 Jul

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Viviendo en el seno de la ignorancia y considerándose inteligentes y esclarecidos, los ignorantes giran incansablemente en redondo, trastabillando por caminos torcidos, semejantes a ciegos conducidos por ciegos.” Katha Upanishad, 1-II-5

¿Quién de nosotros podría reputarse no representado por esta terrible verdad? El que diga: yo… será por cierto el rey de los ciegos. Y sin embargo, el que acepte encontrarse en la condición de ignorante, estará, por su parte, reconociendo probablemente, no más, que experimenta la sumisa esclavitud de la ceguera… Yo al menos no hablo aquí como un iluminado; si lo fuese, no por humildad lo negaría, mas hablo como uno que va y viene dentro y fuera de la ignorancia. Ahora que todos mis vellos comienzan a encanecer o a desprenderse de mi cuerpo, reconozco en mi propio dilatado deambular por la existencia cuán peligroso y difícil es validar la verdad propia y el propio mérito. Cuán incierto y complicado es creer y al mismo tiempo dudar de lo que se cree. Sin embargo, en eso estoy (viviendo) dentro de mi propia condición de ciego atormentado y apacible… No siendo suficiente para callar, pero tampoco suficiente para vocear en las plazas.

Y ¿qué me mueve, entonces, para levantar mi voz en la penumbra?… La evidencia de que las grandes verdades históricas, los grandes ideales declarados, las conmovedoras enseñanzas de todos los grandes maestros, las penosas o placenteras prácticas y escuelas de sabiduría –con todo lo positivo que han logrado– no han sido suficientes ni tan eficaces como para facilitar, a los que buscan salir de la ceguera y del girar en torno a la propia cola, el producir certeramente en la mayoría de los buscadores la trascendencia y la transfiguración de sí mismos, el tránsito hacia la recta Verdad y la inmersión en la Realidad Una. Es necesario, en cambio, –lo expondré en todo lugar y en adelante—una experiencia más pequeña y minuciosa, menos ostentosamente espiritual o sabia, pero más eficaz y transformadora de toda ceguera e ignorancia humanas…

Pero, ¿a quiénes me dirigiré?… ¿A aquellos que escuchándome no comprenderán nada, o me desprecien por una u otra razón, o que, sumidos en un mundo de imágenes mentales proyectadas al exterior –el “mundo de hoy”–, no exista en su propia convicción y realidad ni la más pequeña resquebrajadura? Yo no estoy para ellos… Otros más violentos, o más pacíficos que yo, se encargarán de minarlos, de roerlos, de maltratarlos y hacerlos sufrir para que algún día aparezca en ellos suficiente angustia, y comiencen a dudar, al principio, simplemente a dudar, profundamente…

¿Me dirigiré, entonces, a aquellos que toman los escritos, escuchan y asienten a las sabias palabras, o al menos se cuestionan seriamente, pero que al terminar con el último punto giran la cabeza hacia otro lado, donde puedan escuchar todavía más sabias y transformadoras palabras, o acudir a prácticas “transformadoras”?… ¿Y a aquellos que dicen amén, u om, o wuahe guru, o namaste, o tantas otras bellas palabras con las que también se asentirá a las mías, sin que ni unas ni otras los despierte como un cataclismo de Luz?… ¿Si lo que yo he vivido es como un cataclismo de luz y tinieblas?

¿Acaso el jilguero dejará de trinar al alba porque nadie lo escucha? Lo que creó la soledad y la ignorancia es lo mismo que creó lo Uno…

Y al fin yo tenderé una escala, un puente, una interfaz entre lo inmenso y lo pequeño, el Ideal y la cotidianeidad, el espíritu y la mente, la enseñanza y el cambio, la verdad y la mentira, la ceguera y la luz, el mañana, el pasado y el hoy. Sólo una pequeña escala, modesta, ni grande ni pequeña, sólo práctica, funcional, recta y real… Si miento, engaño o alucino, seré yo el primero que verán caer al romperse la escala.

Quizás escriba para los que caminan pasito a pasito, como los niños vacilantes y decididos, que un día tras otro hacen el esfuerzo honesto de levantar de a poco un pie para subir un peldaño, y dejar al mismo tiempo otro peldaño abajo…

Volveré…

EL YO

29 Jun

Van_Gogh_-_Starry_NightSon tantos y tan innumerables los caminos de la realidad… Ya sólo los universos humanos son infinitos, a veces unos tan lejos de los otros que no podrían alcanzarse en el rango de una sola creación, y aun así se conectan todos en una sola identidad delicadamente en otros planos, planos del alma o de energías y soplos de realidad que los humanos dentro de sus torpes encierros sensoriales o de conciencia, y de sus mecanismos genéticos activados, apenas alcanzan a distorsionar en creencias religiosas, saberes científicos, o fantasías intuitivas.

Y esta conciencia humilde que en medio de la inmensidad insondable repite una y otra vez yo, yo, yo, yo… mientras existe en este minúsculo cuerpo biológico, a cada segundo, humildemente porque no tiene más voz que una en cualquier lugar del infinito y la eternidad de otras formas que repiten más y mejor que uno mismo (yo), lo otro, también lo yo, pero sobre todo lo no-yo.

Esta conciencia modesta y mínima se atreve al mismo tiempo, en una paradoja aún inabarcable, a soñar con la realidad más allá de sus propios límites (míos y suyos); se atreve a decirle: “Yo te voy a alcanzar (REALIDAD) –aunque seas el mismísimo Dios, o la Eternidad y el Infinito, el Mal, o incluso lo Absurdo e Imposible–, pero desde mí, sin renunciar jamás a mi yo, a mi conciencia, a mi identidad, a mi mónada o lo que fuere, porque he decidido contenerte, aprehenderte, unificarte, y tú graciosamente me permites decidir esto, y realizarlo en tanto existo yo…”

Por ese absurdo poder concedido a este yo insignificante como caca al borde de un camino, sin embargo exclamo, decreto: yo no muero, yo soy inmortal, por más que mi cuerpo biológico se desintegre justo al lado de la caca del camino. Y entonces trasciendo con el pensamiento, con la energía sutil de mi alma sentiente, con mi YO, el instante, el tiempo de vida que ninguna célula de mi cuerpo tendría la insensatez de querer apropiarse más allá de su propio tiempo de vida, y acabar negando con una demostración ficticia que sólo los académicos materialistas demuestran en sus laboratorios y cátedras de ensueños temporales para tratar de retenernos inconcientemente en la caca.

Son tantos y tan infinitos los caminos de la realidad, que mi yo asume desde este misma instante la necesidad y el compromiso de transmutar, de transformarse a cada instante, abierto, como una ventana se abre al sol y al viento, después de la asfixiante tiniebla que cegó toda abertura con la muerte de un ser querido… Y al abrirse entrará el sol, el viento, la mariposa y la luna, lo que tú esperas y necesitas, lo que tú sabes que entrará, pero también tu propio futuro, tu desconocimiento de lo que aún no es, las posibilidades sin límites, llámese eso con nombres desconocidos, o te saque de todo universo reconocible y familiar, como pueden serlo incluso las estrellas y la vida misma, cuando dejan de existir… Y aun allí estará tu yo.

Simple Satori

3 Jun

plantas_solNo vivas preocupado de si el sol quemará tus plantas, o si la lluvia las dañará. Mejor pon atención al sol, como brilla, y a la lluvia, cuando cae. Si dejas ir hacia las cosas tu mente, podrás llegar a experimentar que el sol, la lluvia, tus plantas y tú son una sola realidad unificada, sin rupturas ni entre ellas ni en tu mente. Habrás alcanzado la iluminación, bienaventurado. Entonces comprenderás que todas las felicidades humanas son sólo débiles fogonazos de mentes delirantes. Sentirás compasión, pero no pena. Y finalmente comenzarás a actuar con los demás, de la misma manera que el sol y la lluvia y las plantas se mostraron para ti.

QUÉ ENTIENDO POR AMOR EN PAREJA

27 Dic

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1. ¿QUÉ ENTIENDO POR AMOR EN PAREJA?

El amor es sin duda el sentimiento que más nos diferencia e identifica como especie humana. Quizás los delfines sean la especie animal que más se nos acerca en la relevancia que este sentimiento posee en ellos y para ellos, sin embargo el amor humano es mucho más complejo que el suyo.
Muchos podrían cuestionar esta afirmación inicial, y ello es razonable, pues en la realidad cotidiana prevalecen innumerables otros sentimientos y sentidos para los actos y estados humanos, que someten, subordinan, deforman y hasta hacen desaparecer la presencia de este sublime sentimiento. Sin embargo, mi premisa (“el amor es sin duda el sentimiento que más nos diferencia e identifica como especie humana”) posee un carácter esencialista, idealista y trascendental. Con esto quiero decir que entiendo no un amor que aparece a cualquier observación o evidencia en el actuar humano y que igualmente muchas veces calificamos de amor, sino a una condición más subyacente, más estructural e inconciente, más profunda, pero también más satisfactoria e integradora de todos los niveles de realización de lo humano. Si uno se queda en el reconocimiento de este sentimiento desde una perspectiva más formal, más externa, más social, o de cualquier otro modo menos intimista, todo análisis, toda perspectiva e intento de conclusión estarán condenados a mantenerse en un terreno de ambigüedad, de indefinición, de relatividad, de convencionalismo sicológico, social o cultural. Unos dirán que el amor es esto, y otros, que es esto otro; unos dirán que el amor de pareja debe ser heterosexual, otros que no debe restringirse a la orientación sexual; unos dirán que debe realizarse entre mayores de edad, otros que no depende de la edad; unos dirán que es para procrear, otros, que tiene otros fines; unos dirán que el amor debe ser desinteresado, otros, que debe cumplir ciertas condiciones; etc.

1.1. EL PRIMER PRINCIPIO

Nuestra tesis sostiene que existe un amor universal para todo humano y que se encuentra en la cima y en la base de toda relación de pareja; es decir, algo así como un arquetipo ideal que debe adecuarse a innumerables manifestaciones y formas concretas, personales y socio-culturales, pero que nunca debe dejar de estar en el centro mismo de toda relación de pareja posible. En este texto no discutiré la validez de esta afirmación, sino que dejaré que su propia consistencia vaya apareciendo desde el análisis de su manifestación en la pareja humana.
Un amor de tipo esencial, ideal, arquetípico no es difícil de entender. Un amor semejante a la Idea metafísica del Amor de Platón es incluso muy atractivo y razonable, pero no es tan fácil de reconocer en la existencia, en su realidad dentro de la experiencia cotidiana del amor. En la realidad del día a día de las parejas humanas el amor aparece como un sentimiento tan imperfecto, tan mezclado con otros, tan común, egoísta y sicológico como cualquier otro, sin ninguna condición sobresaliente, mágica, divina ni espiritual, salvo en circunstancias especiales y poco frecuentes, como podría representar el enamoramiento, o en estados modificados de conciencia. Con todo lo atractivo y maravilloso que puede ser el enamoramiento consideramos que no representa más que una prolongación o hasta una proyección del amor ideal y sublime en la dimensión sensible, sicológica y hasta física y biológica de la persona, que puede o no arraigarse en el amor esencial para existir y manifestarse con su enorme fuerza amorosa. Es decir, el enamoramiento puede encubrir o arraigarse en una mera pasión sico-biológica, o bien sustentarse en un amor ideal y trascendental que se mantendrá inalterado aunque pase el enamoramiento y la pasión. Una primera y evidente diferencia entre el enamoramiento y el amor esencial de pareja se establece en que todo enamoramiento se experimenta en la subjetividad personal y en el individuo mismo, en cambio el amor trascendental se experimenta en y desde la relación de la pareja, en una sintonía y concordancia entre dos.
En este texto no pretendo convencer a nadie que no crea en la realidad de este tipo de amor esencial, sino intento ayudar a comprenderlo y desarrollarlo en quienes ya es una evidencia, una intuición o una simple aspiración y propósito.
Si pudiese resumir cuál entiendo como el problema de fondo entre estas diferentes categorías de amor, entre estas diferentes experiencias de amor, diría que se trata de la compleja y desordenada relación natural entre este amor trascendental y toda forma de amor sensible y cotidiano. Considero que en la medida que nos hagamos concientes de ambos, de cómo funcionan, de cómo se relacionan, podremos desarrollar al máximo el potencial de cada forma de amor, y, al mismo tiempo, de dirigir un proceso intencionado desde el amor que signifique la transformación integral y superior del ser humano tan larga e históricamente anhelada. Hacerse concientes de todo esto, algo que en realidad es bastante simple de entender, puede significar los mayores beneficios para la relación de pareja humana, en la medida que se asuman adecuadamente sus consecuencias.
El primer principio que parece sustentar al amor trascendental y espiritual parece ser la valoración y el intento de producir un beneficio en todo ser, incluido el sí mismo. El amor trascendental pareciera ser un mandato esencial –muchos dirían divino– de facilitar el ser, todo ser sin exclusión –incluso de aquello que valoramos como el mal–, y su devenir, que incluiría el universo inanimado y total (como el ser de una galaxia o de un hoyo negro), tanto como el animado y biológico (como una célula o un musgo). Es decir, facilitar que el ser se transforme como autoafirmación de lo que es y existe, así como también el movimiento del amor facilite la realización y cumplimiento del ser. Esto que puede parecer abstruso y teórico es al mismo tiempo muy simple, pues se manifiesta en lo más complejo y abstracto tanto como en lo más elemental e insignificante. Cuando una mujer besa la mejilla de su bebé realiza el movimiento del ser que busca su realización en el ser de la madre y en el de su hijo juntamente, a través de este principio de amor sustantivo tanto como activo. En otras palabras, a la madre le “hace bien” besar a su hijo, así como al hijo le “hace bien” ser besado por la madre. Sin embargo, debemos reconocer que existen innumerables maneras y calidades de besar al hijo, por lo que este principio, en sí mismo completamente simple, se manifiesta en la realidad y en el comportamiento individual y particular tremendamente complicado y hasta confuso. Por ello, podríamos utilizar un lenguaje platónico y afirmar con cautela y restricción que toda manifestación del amor arquetípico dentro de nuestra dimensión natural en alguna medida es una degradación de ese amor espiritual y, por lo tanto, en alguna medida también una manifestación de “anti-amor”. Nuestra propuesta en cambio quiere sostener que ambas son manifestaciones de amor, sólo que realizadas de una manera dinámica e interdependiente, particular y exclusivamente en el rango de realidad natural en que existimos como seres humanos, en el cual la realidad siempre es relativa y referencial a circunstancias particulares y también subjetivas, en la medida que se hace parte un ser humano. Es decir, todo acto humano, toda forma humana la podemos valorar de una manera si la evaluamos en relación con el amor trascendental y arquetípico, o bien respecto de las innumerables perspectivas que se generan desde la subjetividad y las circunstancias consideradas en la apreciación de una persona en particular, que, a mayor abundancia, es única e irrepetible en el universo.
¿Cómo relacionamos todo esto con el amor de pareja? Primero, debemos aceptar que el referente necesario, como una suerte de palanca existencial y moral, es el amor espiritual que se manifiesta en lo esencial, tanto como sustantivamente en todo lo inmediato, en tanto lo inmediato como existencia es siempre generado o infundido por el ser o transrealidad. Esto tiene por consecuencia que todo amor de pareja se define primero y ante todo por la necesidad de ser el uno para el otro, por el bien del otro y por el bien de sí mismo. Este principio que está siempre presente en toda verdadera relación de pareja, sin embargo se degrada en innumerables tensiones y desviaciones generadas por el yo individual y sus circunstancias, las que primero que todo no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que deben ser valoradas en función de sus relaciones, y cómo el yo del observador las experimenta y valora, si bien siempre con una especie de telón de fondo espiritual que le confiere su connotación ideal y su “tono” trascendental y universal. Estas dos coordenadas permanentemente tensionan y desafían a cada persona en pareja y a cada pareja en relación. ¿Cómo coordinarlas en el plano de la experiencia si apuntan a direcciones diferentes, a dimensiones distintas pero simultáneas de realidad? El ser humano en tanto ser libre ejerce su libertad a cada instante de existencia; debe decidir la realidad completa a cada instante, aunque no se percate de que está realizando este acto a cada instante. En general validamos y decidimos la misma realidad de un instante a otro. Nadie de un segundo a otro, por ejemplo, decide negar que el universo es un inmenso espacio que contiene a nuestro planeta; sólo lo vuelve a aceptar así segundo tras segundo. Esto mismo ocurre en general en nuestras relaciones humanas; el padre no duda ni decide optar querer o no a su hijo a cada rato o a cada instante, pero sí puede dudar y elegir muchas veces en un día entre reprender de una manera o de otra a su hijo. Las relaciones de pareja también están desafiando permanentemente a cada uno de los amantes a decidir una cosa u otra. Esto equivale a decir que cada persona dentro de una relación de pareja decide o debiera decidir a cada momento cuál es el bien que aspira para el otro y para sí en lo inmediato, pero también en vista de un propósito trascendental y permanente que consiste en la realización o actualización, en este plano material, de un nivel de la realidad (superior) que pareciera querer invadir y transformar nuestra realidad natural con su virtualidad trascendental, que se hace primero manifiesta a nuestra conciencia, a nuestra mente y siquismo, y desde éstos hacia la realidad física y natural.
Concebidas así las cosas, estimamos que es muy difícil establecer si una decisión es mejor o peor que otra en una relación de pareja, como si quisiésemos determinar si es mejor regalar flores que ropa en determinada pareja, o besar en la frente que en la mejilla, o incluso terminar una relación que seguirla sosteniendo. En general, dada la fluidez y dinamismo de la realidad múltiple, las decisiones libres conducen a cambios que ofrecen nuevas oportunidades constructivas, aunque el efecto inmediato pueda percibirse como dañino o errado en algún sentido. Esto es semejante al impacto de una piedra que rompe la superficie del agua, si bien el agua pronto vuelve a su orden superior y recupera su postura-superficie esencial y natural –la piedra no puede destruir la naturaleza y el orden superior que hace existir y gobierna la superficie del agua como tal–. Si aceptamos un amor trascendental, un ser superior, un orden y un plan espiritual que “produce” la realidad, entonces es inevitable reconocer que todo daño y todo mal no son más que manifestaciones encubiertas de un mismo movimiento hacia la trascendencia de lo inmediato.
En conclusión, considero que no hay reglas ni patrones de verdad ni de moral en las relaciones de pareja, sino que cada persona en pareja debe decidir con su mayor conciencia y lucidez del plan maestro de amor, cómo conciliarlo con la dinámica y condicionamiento de las circunstancias y particularidades de la persona amada y de la relación misma ajustada a su complejísima realidad entorno. Esto implica que cada persona debe poner un gran esfuerzo continuo en generar una manera de vivirse a sí mismo y a la pareja que no es natural y espontánea, ya que debe construirse desde la sabiduría de un amor que siempre busca el bien, pero que debe reconocerse haciendo en acto siempre “lo imperfecto” respecto del principio supremo. Amar, entonces, debe ser siempre una combinación en conciencia entre hacer siempre el bien para el otro, haciéndole el menor daño posible, tanto como hacerse el mayor bien posible a uno mismo, haciéndose el menor daño al mismo tiempo. Para lograr esto es necesario un aprendizaje difícil, un logro transformativo de nuestra limitada manera natural de amar, y por lo tanto de nuestras estructuras síquicas, mentales, sociales e incluso biológicas, que nos han facilitado el amor que practicamos a diario, pero que al mismo tiempo nos han impedido amar mejor.

PORTALES DE TRASCENDENCIA

30 Nov

porta-di-aramu-muruDespués de peregrinar decenas de años y –si me atengo a otros niveles de conciencia—hasta siglos y milenios, he venido a detenerme ante el portal de Aramu Muru y ante la magnífica mole del Cancana, que se plantan ante mí con la solemnidad e imperturbabilidad de la trascendencia. Cada persona que llega a estos lugares no como turista o buscador o visitante –sino que al seguir el hilo de la vida casi sin querer todo la atrae y la hace converger hasta estos ejes telúricos– debe reconocer y materializar un sentido propio, concordante con su propia historia y sus propios sentidos de transfiguración. Aun así, estos portales del Ser imponen una condición ineludible para todos y para cualquiera: superar el límite de la condición humana… Quienquiera que se plante allí y no esté listo para traspasar los límites de su mortalidad y de su esencia se encontrará con un muro de piedra inmóvil y rígido, como toda montaña, aunque invoque juntamente los poderes terrenos, infernales, mentales y celestes. Habrá incluso quienes deliren y sueñen convencidos de que han atravesado el portal, y que allí experimentaron estados de éxtasis, o viajes astrales, o interdimensionales, o extraterrestres, y que sus experiencias y revelaciones maravillosas sorprendan y convenzan a millones. Aun así, a Aramu Muru y a Cancana no les importa estos místicos ingenuos ni tampoco los malintencionados. Continuarán imperturbables… El que sabe, calla; el que no sabe, convence. Por lo mismo, antes de agotar mis últimas palabras quiero transmitir un mensaje de buena voluntad hacia aquellos caminantes, como yo, que están dispuestos a entregarse a las señales y a los llamados sutiles del sí mismo. Escasa es la forma de conciencia humana que puede sintonizarse antes de su plenitud con la energía del portal, pero existe ese hilo dorado… Se descubre cuando al descubrirlo uno mismo se abandona. (Al descubrirlo comprenderás lo que acabo de decir.)

REFEXIONES SOBRE LA VERDAD

5 Oct

Los seres humanos, como todos los seres vivos de este universo, se encuentran en un determinado y momentáneo estadio o nivel evolutivo. Eso significa, por ejemplo, que existe un nivel o estado superior, al que aún no se accede, pero también uno inferior, el cual ya se ha superado. Esto, que parece muy obvio, posee, sin embargo, una implicancia trascendental que evidentemente no se ha comprendido ni integrado a la experiencia e inteligencia humanas, histórica y masivamente.

Cuando observo y reflexiono sobre el comportamiento humano, en todas sus variadísimas facetas; cuando considero su experiencia y su manera de relacionarse con la realidad, especialmente cuando las personas creen haber alcanzado los mayores niveles de conocimiento, de verdad, de saber, de iluminación, espiritualidad y superioridad en el orden que sea, un doloroso pero también compasivo sentimiento me embarga. Veo científicos, canalizadores, maestros, contactados, académicos, personeros, representantes, figuras mediáticas, religiosos, que aducen ser portadores de una verdad sobresaliente, especial, nueva, superior, y que intentan transmitirla para, en último término, convencer en lo posible a toda la humanidad de su importantísimo conocimiento.

No dudo de la buena intención de la mayoría de ellos. No dudo tampoco que haya realmente una verdad en cada uno de ellos, y que sea altamente beneficiosa para una gran cantidad de gente. No quiero dar nombres, pues creo que todos los seres vivos, sin excepción, estamos sometidos a este orden evolutivo. La paradoja que primero se evidencia de este orden es que –simplificando mucho– la verdad de ayer ya no lo es hoy, y la verdad de mañana no es verdad tampoco hoy. Dicho de otra manera, ¿qué es la verdad de hoy, sino un estado maravilloso pero momentáneo, que se debate entre el intento de superar la verdad de ayer, y el penoso esfuerzo por alcanzar la verdad de mañana? Es verdad que el término hoy, el presente, representa una temporalidad muy relativa, pues en cronología humana puede representar desde el instante puntual y pasajero, hasta, en el otro extremo, toda una Era. El hoy, el presente, desde el punto de visto de la presencia de la verdad, quiere decir simple y solamente el rango de tiempo en que una verdad posee vigencia trascendental. Cuando hablo de verdad trascendental me estoy refiriendo a un estado de realidad en que el yo, el sujeto, el individuo se alinea con un estado de realidad continuo, integrado, y experimenta en su conciencia y mente un poderoso y sincrónico vínculo con todos los planos de realidad que alcanza a integrar en su campo de experiencia un ser humano. Es por ello que cuando una inteligencia humana, un entendimiento, una persona cree haber obtenido un conocimiento, una verdad –como decimos aquí–, lo que ha capturado ante todo es en realidad un espejismo, un estado de representación humana, un producto cognitivo que aunque posea algún grado de validez, rápida y mayormente se desliza hacia el no-ser, hacia la subjetividad mental y colectiva humanas, desajustada del flujo de los planos que trascienden la experiencia mental y que no cesan de modificarse ni un solo instante y sin pausa. La realidad se parece mucho más al flujo del río de Heráclito, en el cual no es posible bañarse dos veces como el mismo. Y por lo tanto la verdad es el río de Heráclito. La mente humana debiera moverse como un pez en este río, y no pretender fijar, clavar hitos como banderillas de verdad en medio del agua. Sería bueno creer esto y aquello, pensar que se sabe esto y aquello, pero sobre todo sería bueno tratar de dejar de creerlo y saberlo cuanto antes. Esto significaría que a cada momento nos estamos encontrando con más y más realidad. Una de las peores reacciones de la gente, de la mayoría de las personas, al saber ajeno, es tratar de reproducirlo, de aprendérselo, de apropiárselo, de colectivizarlo, de ritualizarlo, sobrevalorarlo y autorizarlo. La educación escolar y universitaria es un penoso espectáculo y experiencia de esto. Las culturas, los medios de comunicación, los roles sociales, los modos de ser y comportamientos sicológicos están saturados de esto. Ha llegado la hora de cambiar nuestra experiencia de la verdad, a partir de un cambio radical y fundacional de nuestra propia experiencia y modelo interno y humano. Debemos cambiar nuestros patrones y esquemas sicológicos individuales y colectivos tan profunda, pero también tan totalmente, que esta labor no se irá comprendiendo sino muy de a poco y a través de mucho tiempo, pero se hará… Ahora mismo no hablo tanto para el presente de la humanidad, sino ante todo para su futuro. Quien tenga oídos, que oiga.

Seguiremos intentando avanzar en esto, consecuentes con el movimiento de la verdad que viene del futuro y del pasado hacia nosotros.

TIEMPO ETERNO Y TIEMPO MORTAL

8 Sep

En el tiempo eterno no hay amor, en el tiempo eterno no hay odio,
en el tiempo eterno somos el chispazo instantáneo que muere una y otra vez para devenir eterno.
En el absoluto eterno nuestro joven universo dura un instante y desaparece para volver a nacer.
En el absoluto eterno una araña infinita va desplegando su tela conmigo y sin mí, contigo y sin ti.
En el amor eterno hay un tiempo para la construcción, en el odio eterno hay un tiempo para la destrucción,
el amor y el odio humanos duran un instante eterno,
reconoce tus emociones para el instante mortal,
reconoce tus emociones para lo eterno.
¿Cómo integrar la terrible dualidad y no experimentar la locura?
Sin oponer resistencia a lo inmediato ni a lo eterno.

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA