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PARA SALIR DE LA IGNORANCIA

14 Jul

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Viviendo en el seno de la ignorancia y considerándose inteligentes y esclarecidos, los ignorantes giran incansablemente en redondo, trastabillando por caminos torcidos, semejantes a ciegos conducidos por ciegos.” Katha Upanishad, 1-II-5

¿Quién de nosotros podría reputarse no representado por esta terrible verdad? El que diga: yo… será por cierto el rey de los ciegos. Y sin embargo, el que acepte encontrarse en la condición de ignorante, estará, por su parte, reconociendo probablemente, no más, que experimenta la sumisa esclavitud de la ceguera… Yo al menos no hablo aquí como un iluminado; si lo fuese, no por humildad lo negaría, mas hablo como uno que va y viene dentro y fuera de la ignorancia. Ahora que todos mis vellos comienzan a encanecer o a desprenderse de mi cuerpo, reconozco en mi propio dilatado deambular por la existencia cuán peligroso y difícil es validar la verdad propia y el propio mérito. Cuán incierto y complicado es creer y al mismo tiempo dudar de lo que se cree. Sin embargo, en eso estoy (viviendo) dentro de mi propia condición de ciego atormentado y apacible… No siendo suficiente para callar, pero tampoco suficiente para vocear en las plazas.

Y ¿qué me mueve, entonces, para levantar mi voz en la penumbra?… La evidencia de que las grandes verdades históricas, los grandes ideales declarados, las conmovedoras enseñanzas de todos los grandes maestros, las penosas o placenteras prácticas y escuelas de sabiduría –con todo lo positivo que han logrado– no han sido suficientes ni tan eficaces como para facilitar, a los que buscan salir de la ceguera y del girar en torno a la propia cola, el producir certeramente en la mayoría de los buscadores la trascendencia y la transfiguración de sí mismos, el tránsito hacia la recta Verdad y la inmersión en la Realidad Una. Es necesario, en cambio, –lo expondré en todo lugar y en adelante—una experiencia más pequeña y minuciosa, menos ostentosamente espiritual o sabia, pero más eficaz y transformadora de toda ceguera e ignorancia humanas…

Pero, ¿a quiénes me dirigiré?… ¿A aquellos que escuchándome no comprenderán nada, o me desprecien por una u otra razón, o que, sumidos en un mundo de imágenes mentales proyectadas al exterior –el “mundo de hoy”–, no exista en su propia convicción y realidad ni la más pequeña resquebrajadura? Yo no estoy para ellos… Otros más violentos, o más pacíficos que yo, se encargarán de minarlos, de roerlos, de maltratarlos y hacerlos sufrir para que algún día aparezca en ellos suficiente angustia, y comiencen a dudar, al principio, simplemente a dudar, profundamente…

¿Me dirigiré, entonces, a aquellos que toman los escritos, escuchan y asienten a las sabias palabras, o al menos se cuestionan seriamente, pero que al terminar con el último punto giran la cabeza hacia otro lado, donde puedan escuchar todavía más sabias y transformadoras palabras, o acudir a prácticas “transformadoras”?… ¿Y a aquellos que dicen amén, u om, o wuahe guru, o namaste, o tantas otras bellas palabras con las que también se asentirá a las mías, sin que ni unas ni otras los despierte como un cataclismo de Luz?… ¿Si lo que yo he vivido es como un cataclismo de luz y tinieblas?

¿Acaso el jilguero dejará de trinar al alba porque nadie lo escucha? Lo que creó la soledad y la ignorancia es lo mismo que creó lo Uno…

Y al fin yo tenderé una escala, un puente, una interfaz entre lo inmenso y lo pequeño, el Ideal y la cotidianeidad, el espíritu y la mente, la enseñanza y el cambio, la verdad y la mentira, la ceguera y la luz, el mañana, el pasado y el hoy. Sólo una pequeña escala, modesta, ni grande ni pequeña, sólo práctica, funcional, recta y real… Si miento, engaño o alucino, seré yo el primero que verán caer al romperse la escala.

Quizás escriba para los que caminan pasito a pasito, como los niños vacilantes y decididos, que un día tras otro hacen el esfuerzo honesto de levantar de a poco un pie para subir un peldaño, y dejar al mismo tiempo otro peldaño abajo…

Volveré…

CONCIENCIA Y AUTOCONCIENCIA

7 Dic

Incluso la mente del hombre más sabio o más santo o más inteligente o más positivo, o incluso la mente de un ángel, o de un extraterrestre, o de un dios, sería imperfecta y propensa a la ilusión, si no se contemplase críticamente a sí misma. Sólo la conciencia de la propia conciencia perfecciona y permite la evolución y el desarrollo de la misma conciencia. Cualquier desarrollo de la conciencia que no se realice a través de la autoobservación se asienta sobre la incertidumbre, como por ejemplo la de un hombre bueno y simple, pero que no se analiza a sí mismo. No poseemos ningún medio, ni patrón, ni facultad, ni referente absoluto e infalible que nos permita reconocer que no estamos locos, que no estamos incluso todos, como especie, alucinando una realidad que no es tal. Sin embargo, la única manera que tenemos para debilitar este estado de ilusión y locura en que nos encontramos todos –pues además es evidente que sí estamos locos– consiste en este acto continuo y progresivo de autoreconocimiento de que estamos efectiva y hasta “sensatamente” locos, y de que nos encontramos siempre en un determinado estado de conciencia, del cual sólo podemos liberarnos o superarlo en la medida en que primero nos hacemos concientes de este mismo estado. Hacerse conciente de que se está loco (alucinando) es el primer acto pequeño, pero potencialmente infinito, de quiebre y liberación de la locura. Cuando uno se libera de este primer y generalizado estado de ilusión – de la maya hindú—a través del reconocimiento de que uno se encuentra en la maya, surge un nuevo estado, cuya única diferencia respecto del estado de ilusión anterior consiste en al menos dos certezas apodícticas – no absolutas, pues podrían ser parte de una ilusión todavía mayor–: una, que aparece una segunda realidad a la conciencia y que, además, se vuelve conciente de sí misma; y dos, que se adquiere una nueva y más amplia capacidad de explicar y experimentar la realidad a través de dos niveles causales e interrelacionados de realidad o realidades. Aunque este acto de conciencia superior implicase sólo complejizar un estado de realidad a través de un estado de locura mayor y más complejo, esta agregación sería necesaria porque todo estado de realidad que aparece realizable a la conciencia se satisface a sí mismo ante la conciencia a través de la integración y vínculo, más que en la negación, oposición y diferenciación de esos mismos estados. Es decir, la conciencia posee un condicionamiento prevalente de autosatisfacción a través de la agregación de estados de conciencia y, por ende de realidad, por sobre la capacidad o tendencia al aislamiento excluyente de la conciencia y de la realidad respecto de otros posibles o realizables estados de conciencia y realidad. Más aun, si no hubiese más que un solo posible estado de conciencia, la experiencia de realidad sería única, por lo tanto, aunque estuviésemos alucinando esta realidad, no podríamos de ninguna manera llegar a saber que estamos alucinando. Sólo es posible reconocer que estamos alucinando cuando podemos experimentar de alguna manera desde un “afuera” ese mismo estado de conciencia y realidad. Esto demostraría que efectivamente es posible salir de este estado de locura en el que por naturaleza nos encontramos; al menos salir hacia otro estado de locura más amplio e inclusivo de este estado de realidad. En el peor de los casos podemos experimentar un estado mayor de locura respecto de un estado menor, que paradojalmente contiene al mayor. Sin embargo, todo parece indicar que existe un número indefinido de niveles inclusivos de realidad, en la línea de los multiversos o multidimensionalidad de la realidad, por lo tanto es preciso realizar progresivos y sucesivos saltos de autoconciencia y de conciencia de realidad. En conclusión, en el estadio evolutivo que nos encontramos actualmente todo cambio de estado o nivel de realidad es posible sólo si experimentamos y lo acompañamos con un cambio radical de conciencia y, en primer término, de autoconciencia.
El cómo realizar este cambio de autoconciencia es materia para otro estudio, al que volveremos más adelante, pues a través de la historia humana se han dado innumerables métodos y doctrinas para la autotrascendencia de la conciencia. Nuestro propósito en este discurso es simplemente demostrar con argumentos básicos la necesidad de la autobservación de la conciencia para iniciar y acompañar todo proceso transformativo de la conciencia y de la realidad.

PORTALES DE TRASCENDENCIA

30 Nov

porta-di-aramu-muruDespués de peregrinar decenas de años y –si me atengo a otros niveles de conciencia—hasta siglos y milenios, he venido a detenerme ante el portal de Aramu Muru y ante la magnífica mole del Cancana, que se plantan ante mí con la solemnidad e imperturbabilidad de la trascendencia. Cada persona que llega a estos lugares no como turista o buscador o visitante –sino que al seguir el hilo de la vida casi sin querer todo la atrae y la hace converger hasta estos ejes telúricos– debe reconocer y materializar un sentido propio, concordante con su propia historia y sus propios sentidos de transfiguración. Aun así, estos portales del Ser imponen una condición ineludible para todos y para cualquiera: superar el límite de la condición humana… Quienquiera que se plante allí y no esté listo para traspasar los límites de su mortalidad y de su esencia se encontrará con un muro de piedra inmóvil y rígido, como toda montaña, aunque invoque juntamente los poderes terrenos, infernales, mentales y celestes. Habrá incluso quienes deliren y sueñen convencidos de que han atravesado el portal, y que allí experimentaron estados de éxtasis, o viajes astrales, o interdimensionales, o extraterrestres, y que sus experiencias y revelaciones maravillosas sorprendan y convenzan a millones. Aun así, a Aramu Muru y a Cancana no les importa estos místicos ingenuos ni tampoco los malintencionados. Continuarán imperturbables… El que sabe, calla; el que no sabe, convence. Por lo mismo, antes de agotar mis últimas palabras quiero transmitir un mensaje de buena voluntad hacia aquellos caminantes, como yo, que están dispuestos a entregarse a las señales y a los llamados sutiles del sí mismo. Escasa es la forma de conciencia humana que puede sintonizarse antes de su plenitud con la energía del portal, pero existe ese hilo dorado… Se descubre cuando al descubrirlo uno mismo se abandona. (Al descubrirlo comprenderás lo que acabo de decir.)

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Café Esotérico

AUTOTRASCENDENCIA SANO EVOLUTIVA